Dr. Franco Lotito C. ¬– www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


El hecho de que los hijos mientan u oculten algo a los padres, muchas veces puede alarmar, indignar o sacar de las casillas a más de un papá o a una mamá.

No obstante lo anterior, hay que decir que los expertos aseguran que se trata de una conducta que resulta ser común en los niños pequeños y que –a diferencia de las mentiras que dicen los jóvenes y adultos– no involucra para el menor un conflicto de carácter moral o un acto del que tenga plena conciencia de que no es correcto. Lo anterior, hasta alrededor de los siete años, cuando los niños comienzan a diferenciar lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo.

Para los niños pequeños, el no decir la verdad, es la manera que aprenden con el fin de obtener algún beneficio, o bien, para evitar algún castigo. Sin embargo, a lo que sí se debe prestar atención, es cuando esta conducta se vuelve reiterativa, o incluso, una costumbre.

Los expertos en conducta infantil señalan que el uso de las mentiras comienza alrededor de los cuatro años, cuando el niño empieza a darse cuenta que la otra persona que tiene ante sí es distinto a él y que no forma parte de su realidad. Los niños pequeños toman conciencia de que pueden inventar cosas y que ese mundo que ellos crean no existe más allá de su propia cabeza y que, además, nadie tiene acceso a ese mundo personal.

Este proceso se inicia como una forma de explorar y expresar sus fantasías, y cuando ya están en edad escolar, advierten todo aquello que pueden lograr.

Alrededor de los cinco años de edad, los niños comprenden que pueden obtener  beneficios cuando ocultan información, o bien, cuando la entregan de manera distorsionada o incompleta. Analicemos algunas razones por las cuales los niños mienten:

  1. Por miedo o temor: esta es una de las principales razones para que los niños mientan, ya que existe el temor ante un castigo por haber obtenido una mala nota o por haber transgredido alguna norma de la casa o del colegio. Esto se asocia con la jerarquía de valores que existe en el hogar del menor: si el niño tiene una familia que da mucha importancia a lo material y rompe algo de la casa, en este caso, le va a dar miedo decir la verdad, y lo más probable, es que mienta u oculte el hecho. Por otro lado, si se saca una mala nota, pero ese tipo de cosas no es tan importante para los padres, el menor no tendrá problema alguno en decirle a los padres que se sacó una mala nota. Es decir, dependiendo de lo que ha aprendido en casa, acerca de qué es importante –o no–, tenderá a mentir o a decir la verdad.
  2. Nivel de exigencia de los padres: este aspecto está relacionado con el punto anterior, siendo muy posible que los niños mientan para no defraudar las expectativas que los padres se han fijado para sus hijos, diciendo, por ejemplo, que ellos han obtenido sólo buenas notas, o que no tienen problemas de disciplina o de rendimiento en el colegio, cuando ese no es el caso.
  3. Por efecto imitación: si los niños ven que sus padres utilizan el mecanismo de la mentira como una fórmula para evadir o solucionar problemas, ellos también terminarán por usar el mismo sistema, por un simple proceso de imitación, por cuanto, los niños tienden a identificarse con sus padres y a imitarlos en su forma de actuar, ya sea que se trate de buenos o de malos hábitos.
  4. Por un sentimiento de vergüenza: hay niños que ocultan ciertos hechos o conductas, porque no quiere que éstas sean conocidas por otras personas.
  5. Para proteger a otras personas: cuando los niños pertenecen a un determinado grupo escolar, una lealtad mal entendida hacia el grupo de sus pares, los puede conducir a mentir u ocultar la verdad acerca de algún hecho.
  6. Por un tema de inseguridad o baja autoestima: los niños pueden mentir cuando necesitan ponerse a la par y al mismo nivel de estatus (o incluso superior) de otros niños, mintiendo, por ejemplo, acerca de los bienes y riqueza de los padres, las cosas que compran o los viajes que realizan al extranjero o a Disneylandia.

En el último caso señalado, es posible que se trate de una simple fantasía, pero si el menor de manera reiterada y repetitiva cuenta este tipo de historias a otros chicos, podría ser que se ha sentido humillado por otros niños, o bien, se siente poco valorado o menospreciado por sus pares.

Los especialistas coinciden en destacar que antes de sancionar al menor por faltar a la verdad u ocultar cosas, los papás deben intentar averiguar qué es lo que está ocurriendo para que el infante se vea obligado a mentir. Aquí, por ejemplo, habría que preguntarse, si acaso los padres están siendo demasiados estrictos con el niño, o bien, qué cosas ha aprendido el niño de los padres, ya que son ellos sus modelos más cercanos.

Ahora bien, cuando las mentiras se vuelven crónicas, los padres deberán reflexionar acerca de qué hacer o qué actitud adoptar, para que el niño no continúe mintiendo, manipulando u ocultados cosas, en función de lo cual, deberán prestar atención a los siguientes dos aspectos, por cuanto, el manejo que se haga de las primeras mentiras que dicen los menores se vuelve muy importante y puede marcar la pauta para el futuro:

  1. Si la mentira es algo que proviene de la fantasía del menor –tal como hablar con amigos imaginarios–, no hay problema, pero si esconde algo incorrecto o está diciendo mentiras que no tienen nada que ver con su imaginación, entonces hay que cuestionarse, si el niño lo está haciendo: (a) por miedo, (b) porque los padres han sido demasiado exigentes, o (c) porque el menor se dio cuenta de que con las mentiras consigue más cosas que de otra forma no obtendría.
  2. Los padres deben ser los primeros en dar el ejemplo acerca del valor de la honradez y de la honestidad, por cuanto, más que decirle al niño “no hay que mentir, porque mentir es malo”, la enseñanza se hace a través del ejemplo y de mostrar activamente la importancia de la honestidad como valor y principio.

 

1 Comentario

  1. Muy a menudo, se escucha en la consulta lo preocupado que están algunos padres por las mentiras que dicen sus hijos pequeños -sin dejar de lado a los adolescentes-, ya que dichas mentiras pueden advertirse con temas relacionados con el colegio, con sus notas, con su conducta en clases, con el tipo de la relación que tienen los niños con sus pares, e incluso, con cosas que pasan al interior del propio hogar.
    En este artículo se analizan diversas razones que llevan a los niños a mentir, las que pueden ser de utilidad para los padres interesados en el tema.

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