(Imagen «Madre e hijo en la Playa», Joaquín Sorolla, 1908)

NESLON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Anoche tuve un sueño, no es frecuente en mí dormir con fantasías, realidades o pensamientos relevadores de cosas pasadas o futuras. Algo extraño ocurrió en aquel ensueño. Caminaba y caminaba de un lado al otro, el viento calaba mis huesos, estaba frente al mar, podía mirar cómo las olas ponían fin a sus constantes ondas marinas de alta mar.

Un oleaje que protagonizaba un escenario de la vida, veía el roquerío tan diverso como extendido, simulando una loca geografía, aparentemente estático, esclavo y eterno.

Además, el sonido del agua incesante estalla en constante palpitar, tomando todos los espacios del cuerpo costero del mirador, donde, predomina suavemente la imagen de una mujer, vestida de ángel, la vi levantarse entre los cientos salpicados de agua y la bruma, muy cerca de nuestra playa iquiqueña “La Serena” –Bulnes y Riquelme-, donde, rompen las olas con sonido musical salitrero, de la reina del Tamarugal y de la gloriosa Escuela Santa María.

La naturaleza, con sus maravillosos colores de día y del atardecer, recrean los cielos de un paisaje más amigo de la vida humana y contrario a la contienda de la muerte. Los hombres somos ingratos, egoístas y rompemos sus entrañas, sojuzgamos el embarazo de su procreación, espléndido crepúsculo del amor que sobrevive a la destrucción desgarradora de cada amanecer global, del siglo de lo virtual y de los drones.

En este pletórico ensueño, más de mis propias llagas de la vida, en el umbral de familia, está asentada mi querida viejita, sí ella, era mi Madre. Ahora, en la mañana de este nuevo día trataba de recordar algo más de los simples detalles de la somnolencia, tal vez, producto de las vicisitudes incesantes de la semidiosa pandemia, por el momento, reinante con inusitada fuerza sobre la faz de la tierra. Virus inquisidor y arma mortal de la tecnología, especialmente, para los más ancianos y vulnerables del planeta. Vamos -aunque sea cruel e inhumano- no seamos tontos, son sólo números prescindibles en el nuevo orden de los clones.

Dando una vuelta alrededor de la silla colonial, de verdad, que soñar no cuesta nada. A no ser que mañana venga alguien creyendo ser dueño de los sueños y me cobre un “peaje” por tener uno y debiera pagar un interés económico por difundirlo. Así como vivimos, todo está privatizado. Nos está que quedando el puro aire que respiramos, aún así, hasta la atmósfera terrestre libre de contaminaciones, ya tiene un alto precio para nuestra madre naturaleza. Desarrollar políticas públicas libres de emisiones contaminantes, constituye una verdadera batalla por el futuro de las nuevas generaciones.

Al celebrarse el día de la Madre, les puedo decir con toda sinceridad, no soy partidario de fijar ciertos días en el calendario, para destacar la importancia en nuestra existencia de varios acontecimientos. En algunos casos sí y en otros no. Más que nada, porque se produce un reduccionismo práctico y psicológico, en este caso particular, acerca del rol de una Madre en nuestra sociedad. En pocas palabras, se trata de comercializar su imagen, siendo el mercado, el que le dé la relevancia a su papel social. Al considerar una sociedad madura, una Madre está presente todos los días de nuestras vidas, por lo tanto, merece el debido respeto y noble atención, mientras vivamos.

El quebranto de perder a una Madre, nos deja un vacío en el alma, muy difícil de superar. Por estos días, los Cementerios estarán cerrados. Sin embargo, para ir al campo santo, se puede ir cualquier día. Una Madre siempre vive en el corazón y será una lumbrera encendida en los oscuros días de nuestras vidas. El mejor saludo, es hacerla feliz; que pueda sentir orgullo, darle la tranquilidad y el amor de todos sus seres amados. Caen en este otoño las lágrimas más intimas, que marcan el rumbo de la luz en el agujero del universo. Del mar hacia el cielo infinito.

Para una Madre, no existen incógnitas, temores y sufrimientos que impidan su amor por sus hijos e hijas. Todo lo perdonan y la senda del sacrificio, asolarán sus vidas. A veces, esta responsabilidad, la asumen las tías, las abuelas, en ciertos casos, el mismo progenitor. Aquí está la plaza, el trabajo, la escuela. El barrio, los amigos, por último, la misma casa. No hay mezquindad y privilegios.

Por esta razón, otras de mi rebelde juventud idealista, un digno saludo para ustedes, respetadas ‘Madres’. Son las pioneras de la vida, merecen el verdadero monumento en cada ciudad del país. La vida no les ha regalado nada y todo se lo han ganado, desde, muy jóvenes hasta adentrada edad. Cada una de ustedes, tiene una historia y se inscriben con los mejores valores y principios de la vida humana. Son nuestras verdaderas heroínas, adoro sus manos, su inteligencia y su valentía. Cada día que pasa, en su humildad, belleza y lo sutil de su hermosura, más intensa de cabellera plateada y postrada al paso de los años, resulta mi adoración querida ‘Madre’…