A treinta años de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerar a la homosexualidad como una enfermedad, 70 estados miembros de las Naciones Unidas, que representan un tercio del total, siguen castigando la diversidad sexual, incluso con la pena de muerte.

Según denunció la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (Ilga), de los 193 países que componen la ONU, un tercio siguen criminalizando la homosexualidad. Arabia Saudí, Irán, Sudán y Yemen, y en algunas provincias de Nigeria y Somalía se castiga con la pena de muerte.

Fue el 17 de mayo de 1990, cuando la OMS resolvió eliminar a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y la aceptó como una una variación de la sexualidad humana.

Cuatro años más tarde, en una resolución, la Naciones Unidas señalaron que «los Estados partes deben cerciorarse de que las preferencias sexuales de una persona no constituyan un obstáculo para hacer realidad los derechos que reconoce el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos La identidad de género también se reconoce como motivo prohibido de discriminación».