NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Siento la obligación de referirme, a las últimas medidas legales impulsadas por el Gobierno del Presidente, Sebastián Piñera E., con el propósito de endurecer las sanciones para quienes infringen las regulaciones de las cuarentenas dictaminadas por las autoridades sanitarias. Son las personas que coadyuvan a los altos índices del Coivid-19 y que van en busca del contagio y/o son portadores del virus.

Primero que nada, quiero sostener que el Gobierno en parte va sobre la dirección correcta, mirando las cosas positivamente. Sin embargo, en forma conjunta existen algunas reflexiones que hacer antes de juzgar a los protagonistas de esta Ley, calificados como “desobedientes”. Considero que a esta legislación le falta la complementación del ineludible rol del Estado en su accionar educativo y formativo, especialmente en educación cívica. ¿Se puede perfeccionar la Ley?

Decir que el endurecimiento de las penas resulta lógico a la luz del avance del contagio, esto para mi entender, no está en discusión. En dicho escenario, van asociados otro conjunto de condiciones objetivas que son imprescindibles y de tener en cuenta en nuestra sociedad, como serían los altos índices de desempleos, pobreza, sueldos precarios y pensionados en la miseria real. Cuando prevalece la injusticia social, los oprimidos sienten la fuerza natural de rebelarse ante los dioses del venerado poder político, entonces, el axioma está al servicio de los más ricos y dueños de las empresas estratégicas de Chile. Por el contrario, la libertad de vivir no tiene más valor de un simple ser humano, el cual elije su destino de como morir.

Ahora, todos estamos conscientes: Mantener las distancias, lavarse constantemente las manos y no llevárselas a la cara, utilizar las mascarillas y no salir de la casa. En estas líneas de prevención, estas frases se han convertido en verdaderos “clichés”. Pues, no hacen conciencia en personas agobiadas, maltratadas y discriminadas por el sistema.

Correcto, pero dónde están los recursos en educar y sensibilizar a la población en todos los medios de comunicación para respetar, la ya larga “cuarentena”. Dónde están las campañas de publicidad asumidas y pagadas por el Estado. Asimismo, dónde están presentes las grandes empresas en todos los medios de comunicación, que cambien nuestro “chip de lógica costumbre humana” y sea un plus de cambio de nuestra cultura de un día para otro. Dónde, están los gastos fiscales en tocar el sentimiento más íntimo, emocional, solidario, del corazón de los más duros de cerviz, al igual que la Teletón. Por último, promover la voluntad colectiva de obedecer las normas de “quedarse en casa”, no con la ley del garrote y de letra con sangre, entra. Muy propio de civilizaciones pasadas. Aprendamos de los países de Europa.

Nuestro libre albedrío ya ha soportado más de lo saludable psicológica y económicamente posible. Vamos, no seamos tan idiotas y pusilánimes, porque no hay nada más aterrador y peligroso que la misma epidemia del Covid-19. Total, los chilenos, tenemos el mito de considerarnos súper inteligentes y seres extraordinarios que, con todo respeto, nos sometemos a las leyes como un rebaño de ovejas. A la vez, en nuestro estado mental normal, podemos reconocer que estamos obligados a obedecer la ley porque éstas provienen de seres supremos cual torrente de salvación celestial por detener la pandemia. Los diablos que están dentro de mí se ríen y logro expulsarlos.

Téngase presente que nuestro sistema carcelario está sobre poblado. Meter más ciudadanos por irresponsabilidad a las disposiciones de salud, a mi juicio es patético, además, de oneroso para el mismo Estado. Por otra parte, ufanarse por cobrar multas de 12 millones de pesos, cuándo no pueden pagar la luz y el agua, me parece una tontera del porte de un buque. Asimismo, conmutarlas por trabajo comunitario, es otro error. La única forma, de fondo es la “educación”. En términos de hacer justicia, la fórmula es “educar”; deberían existir las herramientas y los instrumentos institucionales para que nuestra sociedad “por cultura” sin importar su nivel socioeconómico, respeten las regulaciones de salud en tiempos de catástrofe. ¡Hay que mandarlos a clases sanitarias y presenciales por un período hasta que obtengan nota más que 5!

Por consiguiente, no hay nada de que alegrase, nada que festejar y agradecer. La batalla en contra del Covid-19, la ganamos entre todos. El Estado y la clase política deberían ser el faro que ilumine nuestro amanecer de cada día, con esperanza y fe, más no dejarse llevar por las portadas de la prensa y TV. A cuidarse y evitemos salir de nuestras casas. Nadie necesita morir por esta pandemia y porque el Chile del siglo XXI nos necesita.