«Cuando muera quemen mi cuerpo… No quiero ser enterrada. He pasado mucho tiempo acostada ¡Simplemente quémenlo!».


66 años después de su muerte, la artista mexicana sigue ejerciendo un poderoso hechizo sobre el público. ¿Por qué el personaje de Frida nos resulta tan fascinante?

Sus rasgos indígenas, su vestimenta folklórica, sus problemas de salud y su actitud desafiante ante la vida no eran las virtudes más glamourosas en la época que le tocó vivir. Sin embargo, Frida huyó de las convenciones y no buscó ganarse el agrado de los demás siguiendo el camino de otros. Se mantuvo fiel a sus principios y se convirtió en un icono que ha perdurado. ¿Cómo lo hizo? Aquí van cinco claves explican su secreto.

Frida Khalo padeció poliomielitis y después fue atropellada por un bus. Necesitó someterse a 32 operaciones para poder caminar y el dolor le acompañó toda la vida. Pero en vez de intentar ocultar ese dolor se convirtió en el centro de su arte. “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarse a que te devore desde el interior», aseguraba la artista.
Y ella misma, mostrando sus defectos se representó en innumerables autoretratos. “Soy mi propia musa. Soy la persona que mejor conozco. Soy la persona que quiero mejorar”, comentó.

HISTORIA

Ella misma definió así su relación con el pintor Diego Rivera: “Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida: uno en el que un autobús me tumbó al suelo, el otro es Diego. Diego fue de lejos el peor”.

Al principio de la relación, Frida no soportaba las infidelidades de su pareja que llegó a acostarse con la hermana de la pintora. Cuando esto ocurrió, ella decidió que mantendrían una relación abierta, en la que ella también podría tener amantes.

Los dos artistas se peleaban como leones, pero compartían una fascinación por el arte y una incondicionalidad muy poco entendibles en aquel momento. Se casaron en 1929 y diez años después se separaron. Él se fue a vivir a San Francisco, pero en 1940 le pidió que se mudara con él y se casaron por segunda vez.

Tras decidir que tendrían una relación abierta, Frida tuvo una extensa colección de amantes, tanto hombres como mujeres. Se sabe que estuvo con Leon Trotsky –que vivió dos años en su casa con su mujer- y con Chabela Vargas, entre otros muchos. Pero no se trataba de rollos de una noche, pese a estar casada, Kahlo mantenía relaciones largas, sinceras y apasionadas con sus amantes. Como ella decía: “donde no puedas amar, no te demores”.

La casa de Kahlo y Rivera era un epicentro cultural y también fiestero. Muchos de los interesantes debates intelectuales que tenían lugar allí estaban regados en alcohol. Y la propia artista reconocía que empinaba el codo cosa fina. Cualquier excusa era buena: una celebración o un disgusto. “Intenté ahogar mis penas en alcohol, pero las condenadas aprendieron a nadar”, aseguró.

Un icono feminista
Frida Kahlo es una de las pintoras más conocidas del mundo y eso no era fácil, pues muy pocas han conseguido que su nombre fuera recordado en el mundo del arte. Pero ella tenía claro lo que quería ser y nunca pensó que no pudiera lograrlo por haber nacido mujer.

Su seguridad en lo que hacía y en ella misma la separaban a años luz de sus contemporáneas. “Enamórate de ti misma, de la vida y luego de quien tú quieras”, era su lema. Y todo ello la ha convertido en un icono reivindicado por el feminismo.