NELSON MONDACA


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

El próximo fin de semana, Chile estará viviendo la celebración de un año más de su Independencia y el día de las Glorias del Ejército. La ley N° 2.977 de 1915 fijó las fiestas patrias en estos dos días (18-19 de Septiembre). Son feriados irrenunciables y obligatorios. Estas celebraciones se verán ceñida, atada y sujeta por el coronavirus, Covid-19. En este sentido, no tendremos fondas, ramadas y desfiles cívicos y militares. Se suma al espiral pandémico, la vigencia de la “cuarentena” y con “el toque de queda”. ¿Qué podemos celebrar?

Pongamos atención. La institución más importante de nuestra sociedad es la “familia”. En términos de racionalidad, no se puede bajar la guardia sobre la pandemia, si queremos no contaminarnos, entonces, las reuniones y fiestas no pueden ser la panacea de tirar “la casa por la ventana”. Cuidado, se precisa que todos los esfuerzos que se han hecho para evitar un contagio masivo, en esta ocasión, no sean en vano y peor aún, nos traigan un final poco feliz por compartir unos momentos de alegría, por abandonar el autocuidado. La pandemia continúa viva y sigue estando presente en el diario vivir. Protejamos a nuestras familias.
Si valoramos a nuestros seres amados, sí queremos a las personas más cercanas y amigos/as, entonces, no transformemos las fiestas patrias del 18 de Septiembre, en algo parecido a un auténtico 18 de Septiembre normal y de una festividad de “chicha y pipeño”. Nuestro interés por compartir momentos agradables bajando de la llanura “ebrios de nacionalismo trasnochados”, sin importarnos “un comino” las consecuencias del Covid-19, sería un fatal error. En el fondo creo que nos hace personas débiles de carácter y esclavos de la irresponsabilidad.

No obstante, tenemos todo el derecho a reunirnos como familia, tirar unos trocitos de carne y pollo a la parrilla, hacer unos cuántos anticuchos y unas ricas ensaladas. Bailar unos “pie de cueca” y unas lindas cumbias. Si lo hacemos tomando todas las medidas de precauciones sanitarias, no tiene nada de malo.

Aceptar que podemos ofrecer ayuda y compartir con un vecino que pasa por necesidades, nos hace mejores personas y chilenos. La solidaridad hoy más que nunca, en un modelo económico y social neocapitalista, caracterizado por el individualismo, desde, hace tiempo en crisis, ameritan que se multipliquen los actos de generosidad humana.

Como es sabido, las “ollas comunes” en varios lugares de nuestra ciudad, es admirable ver la solidaridad de los vecinos organizados de como hacen frente a la adversidad del hambre, la cesantía y la pobreza en el mismo terreno poblacional. Considero que cuando se conmemora un nuevo Aniversario de la Primera Junta de Nacional de Gobierno, corresponde a estas alturas de nuestra historia, resaltar la actividad laboral de las personas que, en forma voluntaria, anónima y sacrificada, se inspiran en el trabajo en equipo, cocinando para las madres, hijos, jóvenes, y gente de la tercera edad, todos ellos tengan por lo menos algo decente que comer en momentos extremadamente duros a nivel nacional.

En esta obra de “las ollas comunes” uno puede relacionar la similitud que se tiene con una empresa, especialmente, sin fines de lucro, donde, existe: el área de planificación, programación, de relaciones humanas, bodegas y producción. Reuniones van y vienen, los celulares y los WhatsApp por lo general, van en todas las direcciones de la red social. A mi humilde parecer, estos vecinos, también, junto a los funcionarios de salud, son los verdaderos “Héroes anónimos” y merecen ser destacados como Hijos Ilustres por las respectivas Municipalidades comunales.

Cuando se han cumplido las metas, la inmensa felicidad toca los corazones, siempre es posible mejorar. Todos pueden aportar con algo, echar mano a cualquier valor humano, como la sinceridad, la nobleza, lealtad, y al compañerismo. Sin envidias y avaricias en un entorno auto organizado y de autogestión en el trabajo comunitario. En esta rutina diaria sale a la luz lo mejor de un chileno/na. Hasta la fecha, los vecinos que se han preocupado por llevar adelante las “ollas comunes”, en varios sentidos son los verdaderos líderes de nuestra ciudadanía, por su compromiso humano y social. Pues, son las leyendas vivientes para que cientos de compatriotas tengan este 18 de Septiembre un plato de comida. Un gran aplauso y un justo reconocimiento a ustedes…Gracias.