NELSON MONDACA I.


Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

Hace unos cuantos días atrás hemos tomado conocimiento del ingreso de decenas de ciudadanos venezolanos por pasos fronterizos, no habilitados a nuestra ciudad y en general al norte chileno. Según da cuenta Marcelo López, locutor iquiqueño del matinal de radio Mega, conocido como “La voz de Tarapacá”. El video se transformó en todo un acierto y los canales de noticias de la gran capital lo convirtieron en noticia nacional.

Desde mi punto de vista, hay varias aristas a considerar sobre esta importante materia. Primero debemos considerar que el país de Venezuela vive en una profunda crisis política que lo tiene fuertemente dividido, agravado por las acusaciones de deslegitimidad del gobierno de Maduro. Se registran serios problemas de convivencia republicana y de derechos humanos.

Situación que hace difícil a una persona salir del país con visas y pasaportes, cumpliendo todos los trámites exigidos en las respectivas policías internacionales. El panorama es hostil y oscuro para quienes deseen salir de él, en busca de mejores horizontes familiares y personales.

Sin temor a equivocarme, puedo presagiar que es un largo viaje completamente hacia un rumbo desconocido, asumiendo beber lágrimas de dolor y días de enormes sacrificios. humanos. Una aventura que se escribe en el campo de las realidades inimaginables y de esperanzas infinitas, más de lo imposible, entre la vida y la muerte.

La esencia de sobrevivir no se mide por papeles burocráticos de uno u otro país. El ser humano está por encima de todos estos grandilocuentes conceptos legales.

Desgranando el choclo. Todos los que entraron en busca de una nueva vida en Chile, por otras vías que, no fueran aquellas admitidas por la ley de extranjería, entonces, significa estar en forma ilegal en nuestro país. Como cualquier ciudadano pienso y reflexiono.

¿Resulta posible entrar a nuestra ciudad sin la correspondiente custodia policial y lugar de confinamiento legal? A todas luces, aquí falta aclarar las responsabilidades del porqué llegaron en buses y sin medidas policiales, sobre todo, en estos tiempos de excepción constitucional y de toque de queda… ¿Existió una conspiración política?

Otro aspecto. Este grave episodio, ocurre justo, causalmente, cuando en el Senado, se está votando la ley Migración –Boletín 8970-06-, con algunos articulados bien controvertidos. Entonces, todo esto da para pensar. Puede ser una maniobra de inteligencia política, o bien, un pensado plan para inducir a los senadores/as y diputados, presionarlos a votar a favor del propósito del mensaje gobierno.

Vamos a lo nuestro. La región de Tarapacá está bajo “cuarentena sanitaria”, avanzamos en “el paso a paso”, ¿Qué organismo público se hace cargo de que se cumplan estrictamente las disposiciones de las mismas autoridades de gobierno? Se sabe a estas alturas que, algunos de los emigrantes estaban contagiados. No, no corresponde solamente reaccionar ante la propagación del coronavirus, sino más bien, sostener que no se puede jugar con la vida de los residentes de nuestra región.

Nuestras fronteras, son la cremallera de la soberanía y entendemos perfectamente que los extranjeros contribuyen al desarrollo económico, social y cultural del país, salvo excepciones, pero corresponde a las autoridades actuar en consecuencia de magnas responsabilidades. Esta es la lógica que debe primar.

La fuerza de la razón nos obliga a tener una mirada humana, cristiana y solidaria. Vivimos momentos críticos y complejos en Chile. La cuestión es que nuestros “hermanos venezolanos” llegan en momentos de enormes dificultades laborales, de una cesantía que se paso de la raya y en una economía recesiva. En verdad, los chilenos/as la estamos pasando muy mal. Entonces, en forma muy sincera, la primera respuesta que sale del corazón es que no estamos para “recibir a nadie”, Venimos saliendo de un histórico “estallido social”, próximo a recordarse en su efeméride.

Lo único que queremos en nuestra ciudad y región, es “TRABAJAR”; volver a una cierta normalidad de actividades económicas, turísticas y comerciales. Hay un viejo refrán que dice “la caridad empieza por casa”. Entonces, le exigimos al Estado que cumpla su rol. El soberano respeto a los tratados de los derechos humanos obliga al actual gobierno del presidente Sebastián Piñera, en esencia, proteger la vida y salud de nuestros compatriotas.

Tampoco, se trata de violentar los derechos humanitarios de nuestros “hermanos venezolanos”. El asunto radica, en que la pandemia la debemos contener, desde, las mismas fronteras.

De lo contrario, la “cuarentena sanitaria” regional se volverá en rebeldía violenta y las ciudades que tienen y/o tenemos extensas conexiones limítrofes con países latinoamericanos vecinos, nunca dejaran de estar sometidas a pérdidas de libertades, sometidas al hambre y mayor pobreza establecidas por el “centralismo político”.

Para culminar, nuestra hermosa tierra “iquiqueña” jamás va a renegar su generosidad humana y de ser “un paraíso” para los extranjeros que deseen ser parte de los desafíos del crecimiento y desarrollo de Tarapacá del siglo XXI.