Después del fenómeno 50 sombras de Grey, cada vez se promueve más el sadomasoquismo sin medir sus consecuencias; una especialista analiza para la revista OH LALA esta práctica y cuál es su límite.

Está bueno saber en concreto de qué estamos hablando cuando mencionamos la práctica del sadomasoquismo. Sobre todo porque actualmente, después del fenómeno 50 sombras de Grey, hay muchos sitios web y grupos de personas que lo promueven sin medir sus consecuencias. Primero, es clave saber que aunque ambos en la pareja estén de acuerdo, tiene sus riesgos, porque sus fronteras son tenues y, de ser superadas, puede ser peligroso.

Entonces, el sadomasoquismo sería una práctica sexual válida siempre y cuando sean dos o más los adultos que dieron su consentimiento y acuerdan los límites. Es decir, nada se da por sentado. Cuando algo de lo que se hace es una imposición unilateral, el fino límite de lo permitido se rompe y aparecen la violencia y el sometimiento. Si se atraviesan las fronteras, se rompe el acuerdo. Y, justamente, lo difícil entre los seres humanos es mantener los límites y los acuerdos, ¿no? Es un gran desafío. Más aun en una relación sexual, donde se pone en juego algo del orden de la violencia y el sostenimiento del deseo.

Entonces, hay víctimas y victimarios: en el sadomasoquismo no hay una parte que sufre pasivamente el abuso de otra persona que ejerce su poder, sino que es una práctica consensuada.

Quienes practican formalmente el sadomasoquismo realizan sus fantasías a modo de juego. Actúan roles de dominación-sumisión o de esclavo-amo. No son, solo actúan. Al que es sometido le gusta ser sometido, y se pueden cambiar o no los roles en la práctica.

En general, las prácticas sexuales dependen de la cultura en que se practican y, muchas veces, de allí se despliegan nuestros gustos y deseos. Si dentro de esta experiencia se le causa dolor al otro o alguna molestia, ya no hay placer y aparecen consecuencias graves.

Para algunas personas, la fantasía puede ser el sometimiento; el dolor hasta cierto punto puede excitar, pero pasado cierto umbral, ya deja de excitar y ejerce el efecto contrario. La pregunta es, entonces, ¿a qué responde el placer en la violencia? Muchas veces, está relacionado con vivencias infantiles que dejaron trastornos psicopatológicos, pero cuánto más saludable es dejar de lado la violencia y experimentar con otros recursos mucho más sanos, ¿o no?

Sin lugar a dudas, la innovación puede pasar por la inclusión de juguetes, disfraces, cambios de horarios y ambiente. Podríamos llamarlo símil sado y algunas ideas son atar y taparle los ojos a tu pareja, untarlo o pasarle algunos elementos suaves por todo el cuerpo. Esta práctica aumenta mucho la percepción de las sensaciones, sin producir daño alguno.

Finalmente, también está la fantasía sexual sado, que no tiene por qué llevarse al plano real, y siempre nos sirve como el más penetrante de los afrodisíacos, que desencadena en nuestras cabezas en deseo sexual, porque, en definitiva, todos fantaseamos, ya sea consciente o inconscientemente, y es un comportamiento completamente normal, ¡sin riesgos!

Fuente: Marta Rajtman