Dice el refranero que cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Más allá de que se trate de una frase hecha, cierto es que las épocas de vacas flacas siempre han repercutido directamente en las relaciones sexuales, en cierta medida al situar el estatus económico en una posición privilegiada.

El apetito sexual puede estar influido por la crisis económica, como apunta la psicóloga clínica del centro de orientación familiar Novoa Santos (Orense) y profesora de la Universidad de Vigo, Encarnación Sueiro: «Estar en una situación de desempleo afecta a la autoestima, quizás más al hombre por temas culturales». La pérdida del empleo y los problemas de dinero se traducen además, cuenta esta experta, en insomnio, en ansiedad por no llegar a fin de mes.

En esta época de penurias se está notando un considerable aumento en las consultas y el motivo principal es la desgana, la pérdida del deseo. Así lo expone el urólogo y presidente de la Sociedad de Sexología de Galicia, Manuel Varela.

Se percibe más en los varones que en las mujeres. «Si bien hace tiempo el deseo sexual hipoactivo en el hombre apenas estaba referenciado, la amenaza de perder el empleo o encontrarse en el paro ha propiciado un aumento» de consultas, y la presencia en ellas de problemas de disfunción eréctil.

Un reciente estudio de la Asociación Española de Andrología y Medicina Sexual y Reproductiva refleja que casi el 19% de los varones gallegos entre 25 y 70 años podrían sufrir disfunción eréctil, si bien únicamente el 3% posee un diagnóstico al respecto.

Mala respuesta sexual

Una mente saturada de preocupaciones y estrés, señala Varela, ocasiona escasa relajación y una «mala respuesta sexual». De manera paralela a estas circunstancias, se analiza en cada paciente si hay «cuestiones físicas», tales como diabetes, hipertensión, dolencias cardiovasculares, y también secuelas de algún tipo de accidente u operación. «Como causas únicas o complementarias», especifica.

Encarnación Sueiro opina que «vivir conlleva tener problemas y la crisis es una más». La diferencia a la hora de «mantener viva la pareja y el deseo», subraya, viene marcada por las habilidades para «resolver» los conflictos de cada uno, pese a que también influye el punto en el que se encuentre cada noviazgo o matrimonio.

Las uniones más vulnerables, y en esto coinciden los dos especialistas, son aquellas «maduras» y con «más cargas económicas» que enfrentar, si bien Varela entiende que, al igual que la crisis afecta independientemente de la edad, con la inapetencia sexual ocurre un poco lo mismo.

Otro aspecto en el que inciden ambos es que a las influencias que las preocupaciones tienen en el deseo, hay que sumarle la caducidad de la pasión, que suele situarse en una media de dos años.

En este sentido, el psicólogo Robert Sternberg, reseña Sueiro, contempla tres componentes en el amor: compromiso, intimidad y pasión, y «la crisis puede afectar negativamente tanto a la intimidad como a la pasión», apostilla esta docente.

El lado positivo

Encarnación Sueiro estima que, llegados al escenario del paro, si se instauran unos hábitos, se regulan horarios y se busca el «prisma más positivo», el desempleo también puede significar más tiempo para compartir, algo que puede traer consigo felicidad, aunque también es posible que más conflictos y roces, sobre todo si «no se ‘resuelve’ hablando».

¿Por qué? Porque el «éxito» está en buena medida condicionado por la capacidad de reconvertirse y por una comunicación fluida. Con todo, recomienda que se acuda a consulta siempre que se crea que hay un problema.

Sueiro aconseja gestionar los tiempos comunes, compartir y hablar, porque las habilidades comunicativas son muy importantes. «Y, ¿por qué no? —remata—. Es hora de practicar sexo, que es gratis, además de generar dopamina, la hormona del bienestar en el cerebro, que también contribuirá a mejorar la autoestima en épocas complicadas. Todo sin olvidarnos que, en estas vicisitudes, importa más la calidad que la cantidad», espeta con un guiño irónico.

Fuente: ABC.es