Que a medida que pasan los años el consumo de alcohol deja notar cada vez en un mayor grado sus efectos negativos es algo que ha comprobado de manera empírica todo bebedor. Una vez damos la vuelta a la esquina de la treintena, no sólo las resacas son cada vez peores, sino que incluso una simple copa de vino puede causar graves estragos en nuestro bienestar.

Existen un gran número de razones (casi una por cada órgano del cuerpo) que explican por qué sentimos dolor en partes del cuerpo que hasta entonces nos eran desconocidas. La mayor parte de ellas tienen que ver con la decadencia de nuestras funciones corporales, que empiezan a deteriorarse, aunque en algunos casos, el cambio de nuestras costumbres sociales también influye en convertir el placer en malestar. Pero, ¿por qué exactamente nos sentimos tan mal después de consumir alcohol a una edad avanzada?

Lo metabolizamos peor

La habilidad del cuerpo para digerir y metabolizar las bebidas alcohólicas cambia a lo largo del tiempo, a peor. Según Jim Schaefer, uno de los investigadores que más ha estudiado las adicciones, enzimas como el alcohol deshidrogenasa que sirven para la eliminación del alcohol tóxico y que ayudan a convertir el etanol en acetaldehído funcionan de manera mucho menos eficiente, por los que los efectos de la resaca se dejan notar de manera más acuciante.

Tenemos menos líquido en nuestro organismo

Cuando somos jóvenes, en condiciones normales, tenemos una mayor masa muscular que cuando envejecemos. Sin embargo, y a no ser que nos cuidemos y mantengamos una buena forma física, la grasa en nuestro organismo aumenta. Ello provoca que la cantidad de sangre por la que el alcohol pueda circular se reduzca sensiblemente aumentando sus efectos y la deshidratación, lo que explica por qué la misma cantidad ingerida de alcohol afecta de manera diferente a distintas personas.

No estamos acostumbrados a él

Un consumo moderado pero regular de bebidas alcohólicas contribuye a que nuestro organismo se acostumbre a ellas. Cuando las obligaciones laborales y familiares aumentan, tenemos menos tiempo para acudir a esos eventos sociales en los que suele caer una caña o una copa de vino, por lo que cuando ingerimos alcohol, somos más sensibles a sus efectos.

El hígado funciona peor

Como recuerda un estudio realizado por P. Meier y H.K. Seitz de la Universidad de Heidelberg en Alemania, el alcohol interactúa de manera negativa con el hígado, el órgano encargado de la actividad metabólica del cuerpo humano. Este aumenta su tamaño a lo largo del tiempo pero funciona peor que cuando se es joven, lo que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades como la cirrosis hepática.

Para las mujeres es aún peor

Si ya de por sí el sexo femenino sufre más los efectos del alcohol debido a la constitución media de las mujeres, estos pueden ser agravados después de los cambios hormonales que produce la menopausia, aunque se trata de una cuestión que aún no ha sido estudiada con detenimiento.

Tus neuronas funcionan cada vez peor

Uno de los efectos más claros del envejecimiento es el deterioro cognitivo, que puede reflejarse en forma de pérdida de memoria o desorientación. Si, como afirma un estudio publicado en la Universidad de Keely, el alcohol perjudica seriamente nuestra memoria de trabajo en un 5 o un 10%, sus efectos se dejarán notar aún más si las neuronas han comenzado a afrontar su declive.

Cuidado con los medicamentos

A medida que nuestra edad aumenta es más probable que nos veamos obligados a consumir medicamentos de toda índole, que en algunos casos puede potenciar los efectos del alcohol y, en otros, ser altamente peligroso, hasta el punto de causar sobredosis o hemorragias internas. Por ello, el National Institute of Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) ha desarrollado una guía donde cada persona puede consultar los efectos que tiene mezclar determinada medicación con el consumo de alcohol.

Duermes cada vez peor

Los ancianos que superan los 65 años suelen despertarse unas 20 veces cada noche, según afirma un estudio realizado por la NIAAA, debido a que resulta cada vez más complicado conciliar un sueño profundo. El alcohol puede agravar dicho problema, puesto que si bien puede servir para conciliar el sueño, también contribuye al desvelo nocturno y repentino.

Todo es peor a los 29

Después de todo lo expuesto, los resultados de una encuesta realizada por la compañía inglesa Redemption que afirmaba que los jóvenes de 29 años son los que sufren las peores resacas (de una duración media de diez horas y 24 minutos, frente a las nueve horas  y tres cuartos habituales) pueden parecer chocantes. Pero una mirada más cercana a los resultados de la encuesta nos descubre que la razón que se encuentra detrás de dichos datos es que a esa edad aún no se ha tomado conciencia de que el cuerpo ha cambiado, por lo que siguen saliendo y bebiendo tanto como cuando tenían 20 años, pero lo sufren como si tuviesen 40.

Fuente: El Confidencial