Por EDGARDO BARRIA

El Día Internacional del Trabajo, para una gran parte de los asalariados es un momento para compartir sin mostrar una conclusión en ¿qué somos?, ¿qué hacemos para mejorar la dignidad?, ¿cómo defendemos los pocos derechos que tenemos?, y ¿somos capaces de entender lo que es la sindicalización?
Esas respuestas y otras, la mayoría de los trabajadores no se las hace y menos cuestionan su participación en las organizaciones sindicales, y para justificar su negligencia, aluden frases que los empresarios esbozan para seguir abusando de los trabajadores.
La ignorancia que embarga a una gran mayoría de asalariados es tremenda, y eso es parte del plan de la dictadura militar, que una vez logrado el golpe, disolvieron los sindicatos se adueñaron de las sedes, asesinaron, torturaron, exiliaron a dirigentes y obreros comprometidos con la causa obrera.
En esos momentos trágicos, en que la dignidad de mujeres y hombres fueron pisoteados por un poder prepotente, destruyendo el movimiento obrero, algunos en la clandestinidad seguían trabajando y los sostenía la fe del gobierno del Presidente Salvador Allende, quien en su compromiso con los trabajadores, logró el 33 por ciento de sindicalización, y se obtuvo mayor derecho en las demandas de los asalariados, a diferencia de hoy en Chile con un 10 por ciento.
La dictadura militar de la mano con el ministro del trabajo de esa época, José Piñera, se destruyó el Código del Trabajo, para construir uno dictado por los empresarios.
En tanto, Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest, fueron dos personas importantes en el movimiento obrero en Chile, ya que don Reca, fue el gran artífice de los pobres, que eran los explotados por la dinastía del poder económico, él fue capaz de organizar sindicatos, crear cultura para los trabajadores, educación y puso pasión y cariño en la transformación de crear conciencia en la clase trabajadora, y por eso fue perseguido por la clase burguesa.

Mientras que Clotario Blest, hombre que dedicó su vida por los pobres, siguió los pasos de Recabarren, quien fue fundador de la Central Única de Trabajadores de Chile (CUTCH), y dijo que no podía haber socialismo sin cristianismo, por lo que impuso un Código del Trabajo más digno, e incluso, agentes de la CNI, durante la durante la dictadura lo golpearon en la puerta de su humilde casa, tratando de acallar su voz, siendo ya un anciano, pero férreo defensor de los trabajadores.
¿Qué ejemplo entregan los trabajadores de hoy en Chile? Algunos desclasados, que no se reconocen así mismos, dirigentes sin capacidad de unidad, con discursos pobres sin contenido, otros que callan por conveniencia y los pocos que alzan la voz se ahogan y no tienen eco en sus pares (trabajadores), por la apatía de la mayoría de la clase obrera que no quieren oír y lo más terrible, gente humilde son cómplices de ese silencio, arrollados por el sistema neoliberal.
El proletariado del siglo 21 vive de sueños con las tarjetas de crédito, igual a las fichas que transcurrieron en las oficinas salitreras y donde el retail cada día los consume con publicidad y viven con deudas que no les deja pensar, viven indefensos ante el mercado y viven el despojo y humillación sin darse cuenta de la realidad.

*Opinión publicada originalmente el año 2010, su autor Edgardo Barría es cofundador de El Sol de Iquique.