Edgardo Barría Barría

022-consumismoEl ser humano con el tiempo se ha convertido en egoísta, calculador, ególatra, apático, desclasado, inculto y tantas falsedades que lo cubren que no puede interrelacionarse con sus iguales.
Antiguamente, la familia era un espacio de alegría y sufrimiento y en ella se vivía el amor, se descubría la lealtad, se ejercitaba la generosidad que podía ser hasta entregar la vida por el otro.
Ese evangelio que muchos ignoran en la actualidad y que recuerdan cuando se encuentran angustiados, pero luego olvidan, aún es tiempo de corregir y eso cuesta un esfuerzo que para muchos parece inútil y estéril.
En mi caso provengo de una familia humilde económicamente, donde mis padres nos educaron con valores y bajo el amor, donde mi madre, Blanca Barría Rivera, una mujer que salió a trabajar como empleada doméstica (nana o asesora de hogar) y mi padre, Luis Barría Cepeda, quien participó como dirigente sindical en muchas luchas obreras, logrando con sus compañeros de clase reivindicaciones para los trabajadores y esa fue la educación que recibimos los cinco retoños.

 

Constancia

 
La constancia, la inteligencia y la confianza en base a la verdad constituyó en nuestra familia la marca incontenible de la hermandad que hasta el día de hoy, a pesar que nuestros padres ya partieron, los hermanos seguimos unidos y la generosidad y solidaridad traspasa más allá de la frontera familiar, que ayudamos a levantar al caído con dignidad y le extendemos una mano fraternal y no nos cansamos de repetir que todavía hay esperanzas y ese vigor está en la memoria inquebrantable y en la fidelidad del amor a Cristo.
Dentro del contexto social en que vivimos, nuestras palabras se esparce a los vientos que cae muchas veces en buena tierra, produciendo frutos maravillosos, por desgracia, en otros casos va a dar en tierra reseca o entre abrojos y es incapaz de echar raíces.
En la actualidad vamos por un camino peligroso, la vida misma no es respetada. Asesinatos, amenazas, acusaciones, temor, odio, avaricia, conforman el cuadro tenebroso en el cual vivimos y existimos y esos caminos deben comenzar por abrirse paso en el corazón de cada uno de nosotros y para eso tiene que haber gestos y actitudes para comenzar a reencontrarnos, por eso es necesario revisar nuestras actitudes que enturbian nuestra mirada, hemos de cuidar nuestro lenguaje y hemos de procurar la parcela de la verdad.