Edgardo Barría Barría*


De distintas formas las personas recordaron y celebraron el Día de la Madre, en homenaje a la imagen de esas mujeres que ponen muchas veces sus vidas por el bienestar de sus retoños.

Ni la violencia del agua, ni la intimidación directa, ni el desempleo, ni las humillaciones detuvieron a las madres chilenas y extranjeras que por años buscaron a sus hijos detenidos por la dictadura y otras que todavía no pueden encontrarlos, producto de la barbarie de la dictadura militar en nuestro país.

La imagen de esas mujeres con pancartas con el nombre y fotografías de sus retoños desaparecidos, dieron vuelta al mundo y trabajaron el descrédito y la caída del poder que denunciaban en la unidimensional de lo materno, que es defender hasta entregar su vida si era necesario para rescatar a sus hijos de la dictadura.

El domingo 11 de mayo, en un grupo familiar llegamos a la tumba familiar a rendir un homenaje a cuatro mujeres importantes de nuestro núcleo, la primera, Matilde Cepeda Verdejo, madre de mi padre, quien dejó este mundo a los 33 años de edad, dejando a tres hijos menores, pero ella se fue con el dolor de toda madre, ¿qué iba a ser de ellos?

La otra, Irene Rivera Ortiz, con quien vivimos gran parte de nuestra niñez, la cual nos entregó calor, nos enseñó a respetar a los demás, a escuchar las radionovelas, a leer el Clarín y Vea, ya que ella era analfabeta, pero quería estar informada, a conocer parte de los comerciantes de Iquique, ya que ella todos los días iba a comprar al Mercado Municipal, hoy Mercado Centenario y así como nos regaloneaba, ponía reglas de buen comportamiento, porque a pesar de ser baja de estatura, era de temperamento fuerte.

Mientras que Blanca Barría Rivera, hija de Irene, además de haber sido buena hija, fue una madre excelente, querendona, afable, solidaria, disfrutó de la presencia Jesús y bajo esa educación aprendimos a valorar la vida a pesar de la precariedad económica, pero fuimos y seguimos amando la vida superando los conflictos. Ella entregó todos sus bienes materiales a los demás, sin mirar a quién, solo la guió el espíritu de ayudar al prójimo, por eso sus vecinos la recuerdan en el club adulto mayor que lleva su nombre.

Rita Barría Barría, una mujer que crió sola a su hija y con una capacidad inmensa de amor por el prójimo, basada en la religión católica, que el día que partió a otra dimensión de la vida (20 de febrero de 2013), la gente la acompañó de distintos lugares de Iquique y hasta sacerdotes estuvieron en todo momento junto a su féretro, destacando sus virtudes y pidiendo por su alma.

Esas mujeres, a pesar que no conocí físicamente a Matilde, han sido parte de mi vida y fueron creadoras de un hogar acogedor y nos enseñaron a ver la profundidad de la vida, nos inundaron de una delicada luminosidad transformada en amor, nos enseñaron a conocer a Dios, nos enseñaron a restaurar nuestras heridas, nuestras frustraciones, a reencontrarnos con el perdón, de tener la capacidad de sobrepasar el propio dolor, para fijar la mirada más amplia y generosa.

La familia es la célula de la sociedad humana y desde esa perspectiva, estas mujeres y madres nos educaron a valorar la apertura de la familia hacia la comunidad donde estamos insertos, a cultivar la dimensión social de los valores, a transmitir pautas fundamentales de conducta de vida, y costumbres básicas que configuran a un pueblo.

Juan Pablo Segundo, dijo que la familia era la primera escuela de las virtudes sociales, donde las madres han sido importante: “la misma experiencia de comunión y participación que debe que debe caracterizar la vida diaria que representa su primera y fundamental aportación a la sociedad”, y ellas fueron parte de ese proceso.

La enseñanza de estas cuatro mujeres y de muchas madres del mundo, tienen o dejaron un mensaje de futuro, formar comunidad, humanizar a los demás, servir la vida y educar en los valores sociales que son los grandes desafíos del siglo 21.

Feliz Día de la Madre, a todas aquellas mujeres que han y siguen luchando por los demás, que asumen los cambios que sean necesarios por amor a sus hijos, sus nietos y tienen sentido que como tarea de ética social, dan testimonio de humanizar al mundo como una pequeña iglesia que construye la paz, el amor, la solidaridad, que puede ser en el futuro una gran familia.


*Publicado originalmente en el año 2014 por nuestro compañero de trabajo Edgardo Barría B.