Con uno u otro nombre se conoce al vendedor callejero de diarios, periódicos y revistas. Como ambulante está casi extinguido. Lo suplantan los kioscos. Sin embargo cubren un siglo. Los hubo de todas las edades, pero principalmente niños y adolescentes. Con sus impresos bajo el brazo «gritaban» los titulares. Las noticias de tipo policial eran las más detalladas. Apuntaban a motivar la adquisición del impreso por el transeúnte. Ello no excluía que dispusieran de «caseros», es decir, de domicilios en que residía un cliente seguro.
El nombre se presume se origina en el Río de la Plata. El dramaturgo Florencio Sánchez hizo famoso el sainete «Canillita» en que recrea la situación de un niño que vende la prensa en la calle para mantener a su familia. Su pobreza se describe como aguda tanto así que al crecer, muy a su pesar, exhibía las piernas más abajo de la rodilla. De allí deriva eso de «canillita» que se incorpora al lunfardo. El apodo termina siendo el nombre de un gremio. Muy pronto se aclimata en Chile y se usa ya libre de la carga misericordiosa o despectiva.

 

En Argentina el 7 de noviembre -fecha en que se conmemora el deceso de Sánchez- pasa a convertirse en Día del Canillita en virtud de decreto del Presidente Perón. Pese al uso de esa denominación aquí también se usa el término «suplementero». Se origina en 1879. Con atraso de tres días llega a Santiago la noticia del combate naval de Iquique. La prensa local imprime un «suplemento» para informar del hecho de armas. Hubo que contratar personal para la venta. De allí nace la denominación. El 24 de mayo se establece el Día del Suplementero.
Prof. Pedro Godoy P.
Centro de Estudios Chilenos CEDECh
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