José Cancino N.


«Carlitos cada día canta mejor”, fue la frase que escuché varias veces de boca de los admiradores de Carlos Gardel, ídolo de la canción argentina, que en la cima de su fama perdió la vida en un accidente aéreo en Colombia, eso fue hace 85 años, tiempo suficiente para alimentar el mito.

Pero de Carlos Gardel se puede contar todo el mito, desde el origen de su nacimiento hasta sí cantaba bien o mal, pero su vida fue una aventura desde que trabajaba en el mercado del Abasto en la emperifollada Buenos Aires con aires franceses de los primeros años del siglo XX.

Carlitos, como le decían sus amigos, comenzó de abajo, y por ahí se cuenta que en sus años jóvenes fueron muy cercanos a actos delictivo, que de ser cierto; a los ídolos se le perdona todo. Pero hay cosas en la vida del “zorzal criollo” que tiene antecedentes sabrosos, que los historiadores tratan de ocultar para mantener al personaje idealizado.

Pero Carlos, aparte de su voz, tenía suerte con las mujeres con las cuales no le era difícil dormir y por la mañana tomar desayuno. Una vida “licenciosa” para aquellos años conservadores, celados por la iglesia, pero que sus biógrafos no cuentan. Otra de Carlitos, durante toda su vida luchó por su sobrepeso, situación que lo incomodaba, pero con buenos sastres de la calle Corriente supo disfrazar.

VALPARAISO
Gardel, antes de su fama y de sus películas, vino a Chile, pero no directamente a Santiago, sino a Valparaíso, haciendo dúo con José Razzano y sus guitarras. Los argentinos se presentaron en el desaparecido teatro porteño Colon, eso fue en septiembre de 1917. Fue tanto el éxito de dúo que se presentan e Viña del Mar y luego en la capital.

“Volver”, “Por una cabeza”, “Cuesta abajo”, “Mi Buenos Aires Querido”, “Rubias de Nueva York”, son algunas canciones donde podemos apreciar la voz de Carlos Gardel acompañados de guitarras y bandoneones.

Hay algo poco conocido de la discografía de “Carlitos”, en 1974 gracias a la tecnología de esos años, se remasterizó el material de Gardel y se le agregó música de la orquesta de Alfredo de Angelis, que hoy es solo una anécdota ya que el espíritu de la voz de Gardel debe tener ese sonido de púas y de guitarras.

A Carlitos Charles Romulad Gardés, hay que escucharlo y se podrán dar cuenta que cada día canta mejor.