FELIPE FUENZALIDA

Durante estas semanas de mundial, el interés colectivo gira en torno a una pelota, seguramente un extranjero que visite Chile este mes creería de manera fehaciente que nuestro país es un espacio donde la actividad física y el deporte se establecen como una dimensión de alto impacto y de carácter prioritario. No obstante, cuando logramos distanciarnos de esta fiebre mundialera- multiplicada por los fantásticos resultados de nuestro seleccionado- nos encontramos con una realidad muy distinta.

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Pasemos a revisar nuestra realidad, debemos partir hablando del presupuesto total destinado al deporte en nuestro país, que no supera en cifras promedio de los últimos años, los 250 millones de dólares, ¿es posible tener una población en movimiento permanente con esas cifras? Esta es una dimensión del problema, los recursos. Otra, son los hábitos, es decir, la habitualidad o sistematización con la cual practico deporte. Y en este punto es clave el rol del Estado. La discusión planteada sobre la reforma educacional, debe establecerse más allá de los aspectos relacionados con la gratuidad, e incorporar los programas y contenidos a impartir. La cultura física debe ser un espacio integrado al proceso educacional encargado del desarrollo biopsicosocial del ser humano. El deporte y la actividad física estimulan el desarrollo cognitivo, establecen espacios de socialización, permiten construir identidad colectiva e individual, y nos define desde un espacio colaborativo. Vivimos en una sociedad que exacerba el funcionamiento individual, potencia la competencia, nos fomenta el aislamiento emocional. El deporte fortalece nuestras redes afectivas y establece un espacio común de encuentro.
Históricamente los gobiernos denominados de izquierda han visto a la actividad física y el deporte, como expresiones secundarias en el desarrollo humano, las entienden como expresiones complementarias, ya que, en el centro deben situarse las actividades asociadas con ¨el pensar¨. Así década tras década han puesto al deporte en un espacio menor de la discusión pública, y reduciéndolo a la esfera de los grandes eventos deportivos. Por su parte la derecha ha utilizado de manera instrumental al deporte, mediante la construcción de infraestructura (necesaria, pero que no soluciona el problema de base) o a la generación de eventos deportivos aislados, carentes de continuidad y sistematización, con el único objetivo de dar cifras alegres sobre el número de chilenos que realizan actividad física. ¿Esto implica la generación de un hábito?, claramente no. Si esta práctica no se proyecta en el tiempo y se sostiene durante TODA la vida.
Vivimos en una sociedad altamente patologizada, con indicadores alarmantes de enfermedades cardiovasculares, trastornos mentales y con altas ingestas de psicotrópicos. Sumado al nivel de sedentarismo en torno al 80 por ciento y con un 25 por ciento de nuestra población infantil con sobrepeso. A todo lo anterior debemos sumar la esperanza de vida cercana a los 78 años. ¿Qué adultos mayores estamos formando en su integralidad? Esto sin lugar a dudas va a significar costos altísimos al Estado en la cobertura de diversas enfermedades asociadas a la combinación de edad y estilos de vida.
El énfasis debe estar en la construcción de políticas públicas integradas, donde deben converger los ministerios de Salud, Educación y Deporte. Urge la formación de una oficina interministerial que articule de manera permanente estas tres carteras, el acento debe estar puesto en los colegios, es allí donde lograremos generar cambios reales en los estilos de vida.
Finalmente, cuando la discusión pública y el camino de la historia nos llevan como sociedad a la búsqueda de derechos universales garantizados, debemos ya abrir la discusión a los derechos de segunda generación y en estos aparece el deporte. Nuestra constitución debe establecer como un derecho inalienable el acceso en todas sus formas a la actividad física y el deporte en las distintas etapas de la vida y de forma sistemática, adecuando los programas a los diferentes grupos etarios y a las poblaciones especiales. Es el momento para comenzar este camino.