3460791_640pxEdgardo Barría Barría

A pesar de vivir y conocer las atrocidades que cometió la dictadura militar, quedé impactado con el reportaje En La Mira de Chilevisión, el cual llamaron Los Soldados de Pinochet, donde hay testimonios de violación a los derechos fundamentales de muchas personas que en esa época cumplieron con el Servicio Militar Obligatorio.
Que pensarían aquellas personas ya fallecidas que ayudaron a construir este país llamado Chile y el Presidente Salvador Allende dijo por radio Magallanes lo que iba a suceder mientras los valientes soldados atacaban la Casa Presidencial, La Moneda, donde un hombre que juró lealtad a su pueblo, murió en ese edificio, cumpliendo con su deber, defender con ideas la Constitución, la vida y el bienestar de la sociedad, una sociedad más justa.
Los soldados conscriptos a nivel nacional solicitan que el gobierno los repare, desde el primer gobierno democrático fueron reconocidos como víctimas a los que mataron e hicieron desaparecer, mientras que muchos de ellos fueron asesinos, ayudaron a torturar, a hacer desaparecer gente que pensaba distinto, otros guardaron silencio hasta el día de hoy y algunos entregarían información en caso que se les indemnice, cosa que es aprovechamiento.
Hasta el 11 de septiembre de 1973, esta sociedad confiaba más en la razón y en el derecho para dirimir conflictos, pero el dictador Pinochet impuso la mentalidad de la guerra, utilizando métodos violentos y me recuerda a Sócrates que decía: “Solo hay un bien: El conocimiento. Solo hay un mal: la ignorancia”.
Vivir en Chile de esa época, era vivir en un país ajeno, con la televisión llena de luces, champagne, políticos principalmente que militan hoy en los partidos de derecha, compartiendo con los golpistas, torturadores, comprando empresas del Estado a bajo precio, enriqueciéndose y justificando los asesinatos, asegurando que era por el bien del país.
Una gran parte de esta sociedad, sin embargo no olvidaron su memoria democrática, a pesar de ese sistema de guerra, intentaron dialogar de forma pacífica, protestando, cantando en las plazas, encender velas, gritar consignas, mientras las autoridades endurecían su postura en un avanzar sin transar.
Mientras que a medida que pasó el tiempo fueron más las personas que fueron sumándose clamando por la vuelta al respeto y la tolerancia, pero la respuesta siguió siendo la dureza.
Hoy muchos de los políticos que apoyaron, trabajaron, que fueron cómplices de la tortura, la muerte y la desaparición de personas se levantan como demócratas, sin haber aceptado en esa época la invitación a defender la vida, amar entrañablemente al Dios de la Vida y a no transigir, por causa alguna, con los dioses de la muerte.
Muchos de nosotros vivimos la represión de cerca, nos gritó en nuestros oídos, nuestros ojos se llenaron de lágrimas por el cuadro que veíamos, nuestro corazón se dilató de tanto sufrimiento de nuestros vecinos, amigos, cristianos y tantos otros que aman este país y tienen respeto por la vida.
Una de mis posturas frente a la cultura de la muerte, fue la Educación Popular, en los campamentos, que significa la pobreza de la pobreza, fue alimentar además del estómago, el espíritu con educación, cosa que los hizo ser críticos, y fue difícil que los integrantes de la UDI, para el plebiscito de 1988 los engañaran con mercadería, tratando que votaran por el Si, pero la gente más informada, la mayoría dijo No.
No que significó, no más división entre los chilenos y recogieron las palabras del escritor Antonio Machado: “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar y lo mejor de todo, despertar”, por eso que en una papeleta pusieron No a Pinochet y sus valientes soldados.
Con ese “No” que ganó la vida el 5 de octubre de 1988, se cumplió el discurso del Presidente Salvador Allende, más temprano que tarde, se abrirán las Alamedas para que pase el hombre libre y ese día la gente cantó, se abrazó porque habían encontrado la paz, el amor, poder mirar a los ojos, fue el renacer de la esperanza entre nosotros.