El revisionismo de los pactos se está instalando silenciosamente en Sudamérica y, de la mano, la recuperación territorial, un tema que la diplomacia chilena se resiste a evaluar, dado que su visión es el “apego irrestricto al derecho internacional y la intangibilidad de los tratados”. Toda la polémica por el límite terrestre, y que contempla la mediática marcha de hoy hacia la frontera, es coherente con la estrategia de la elite político-militar limeña para recuperar Arica sin disparar un solo tiro.

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EL MOSTRADOR

Aunque nadie en Chile y Perú lo vaya a reconocer públicamente, Lima está desarrollando una planificada estrategia que busca, en el largo plazo, la recuperación de parte de los territorios perdidos durante la Guerra del Pacífico, un anhelo abrazado desde siempre por la élite político-militar peruana y por el ahora Presidente Ollanta Humala, que tiene el apoyo de los sectores peruanos más conservadores y nacionalistas, incluida la poderosa Iglesia católica. Este es el trasfondo de la presentación del nuevo mapa que establece que su frontera terrestre con Chile se inicia en el “Punto Concordia” y no en el Hito 1, como defiende Santiago.

¿Estamos frente a un nuevo caso jurídico de laboratorio peruano?, todo indica que sí, y que la estrategia de Torre Tagle es seguir en esta línea, tal como lo hizo con el tema marítimo, donde Chile no pudo sostener que ejercía soberanía más allá de la milla 80. O sea, Chile y particularmente su Armada sólo se preocuparon de ejercer control efectivo hasta la milla 80, más allá no hubo registro. De paso, en esta nueva controversia que se está instalando, nadie le ha pedido explicaciones a la Marina chilena por dicha falta de control naval, pese a ser la única institución del Estado con potestad para ello.

Hoy Perú, luego de su victoria en La Haya, instala la duda sobre la frontera terrestre y sobre un territorio –sin habitantes– de 3,7 hectáreas. De hecho, la reivindicación que hace hoy Humala no debió sorprender a nadie, pues cuatro días después del fallo de la Corte Internacional de Justicia el mandatario peruano señaló en un discurso ante el Congreso limeño: “La frontera terrestre del Perú que se inicia en el punto Concordia, conforme a lo establecido en el Tratado de 1929 y en los trabajos de demarcación, que realizó la comisión mixta de límites…”.

Así, Perú instaló exitosamente un nuevo conflicto territorial que se vislumbraba al fallar la Corte de La Haya, pero que fue desestimado en el informe de la Cancillería chilena dejado por la administración Piñera. En este se desechó cualquier posibilidad de conflicto luego de terminado el juicio ante la Corte Internacional, en virtud de las conversaciones entre el entonces canciller Alfredo Moreno y su par peruano.

Hoy el escenario es otro y ninguno de los “acuerdos” propiciados por las “cuerdas separadas” se está cumpliendo. Más aún, en el complejo escenario político peruano, Humala ha decidido reactivar un tema que sólo le trae rédito y, de paso, unidad a su gobierno que no goza del apoyo popular y tiene un importante conflicto a nivel parlamentario. Con esta disputa con Chile, todos cierran filas en torno al Ejecutivo.
Crece la incertidumbre

Durante la semana pasada se encendieron las alarmas en el Edificio José Miguel Carrera en Santiago, por los anuncios que llegaban desde Lima sobre la reivindicación del Punto Concordia como inicio del límite terrestre entre Perú y Chile, anuncio que materializó el propio Presidente peruano, Ollanta Humala, en una estudiada puesta en escena en la localidad de Cajamarca el pasado miércoles 19 de agosto.

Ese día, Humala fue tajante en explicar por qué incluyó el Punto Concordia como inicio de la frontera terrestre peruana: “Nosotros nos ratificamos en el sentido de que el mapa que hemos presentado recoge el dominio marítimo con el fallo de La Haya, pero también recoge el inicio de la frontera terrestre que es el Punto Concordia”, declaró.

Luego de declaraciones oficiales chilenas sobre la inconveniencia de este anuncio y que no se ajustaba a lo establecido por el fallo de La Haya en la demanda por el límite marítimo, el sábado 23 de agosto el canciller peruano, Gonzalo Gutiérrez, salió a explicar la posición de su país y, a la vez, develar algunas dudas sobre el trabajo que hizo la comisión binacional –compuesta por militares y marinos de ambos países–, que realizó la cartografía que fue aprobada por ambas naciones antes de su presentación formal.

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Gutiérrez explicó que el próximo registro del límite marítimo del Perú y Chile, ante las Naciones Unidas, considera las coordenadas medidas por ambos países en cumplimiento del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya y reexplicó lo señalado por el Presidente Humala sobre el Punto Concordia: “El jefe de Estado se ha referido al próximo registro, ante las Naciones Unidas, de las coordenadas del límite marítimo establecido por la Corte de La Haya, tal como fueron medidas y aprobadas de manera conjunta por el Perú y Chile, según el acta y las representaciones cartográficas suscritas el 25 de marzo último en Lima”. Pero el canciller peruano agregó además que “en setiembre de 1929, delegados del Perú y Chile en la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, registraron el Tratado de Lima de 1929 que estableció el límite terrestre entre ambos países que se inicia en el punto Concordia”.

El jefe de la diplomacia peruana sintonizó –diplomáticamente– con lo expresado por el canciller chileno, en el sentido de que la presentación del nuevo límite marítimo será hecha de manera conjunta ante las Naciones Unidas, señalando que “en las conversaciones mantenidas con Chile a lo largo del proceso de ejecución del fallo se ha considerado siempre la conveniencia de que ambos países realicen dicho registro”.
2050 el año de la reivindicación

Pero el problema es que la información de la nueva delimitación terrestre que anunció Perú no debió ser tan “sorpresiva” para Santiago, porque la comisión binacional que trabajó en la confección del nuevo mapa estaba en conocimiento de que Lima aprovechaba la nueva delimitación marítima para ratificar el inicio de la frontera terrestre en el Punto Concordia y no en el Hito 1, como sostiene Chile. La explicación la da el propio Presidente peruano: “Es un trabajo que tenemos que agradecer al personal técnico, cartógrafos, personal de la Marina de Guerra, de la Cancillería y el buen entendimiento que hemos venido llevando a cabo para que esta Comisión Mixta Binacional haya logrado rápidamente la determinación de las coordenadas, que hoy día permiten cerrar la frontera sur con Chile”, declaró Humala.

Lima plantea y coloca en la agenda internacional este nuevo conflicto fronterizo con Chile usando una argumentación muy similar a la que está utilizando Bolivia, como es el no cumplimiento del Tratado firmado luego de finalizada la Guerra del Pacífico, abriendo de paso un nuevo frente diplomático para Santiago, que sigue con su frontera norte doblemente tensionada. Esto impide la plena implementación de una política integradora a la región como lo planteó la administración Bachelet, que apuesta a la reinserción del país en el barrio sudamericano y terminar con el aislamiento que se instaló durante el gobierno de Piñera, quien desafió el área de influencia de Brasil coqueteando con México en la Alianza del Pacífico, siguiendo la lógica de la cancillería comercial implementada por el ex canciller Moreno.

En este escenario surge la tesis –que podría ser considerada “extravagante”, pero que tiene una pensada planificación en Lima– de forzar a Chile en el largo plazo (50 años) a entregar los territorios conquistados en la Guerra de 1879. La fórmula elegida por Lima es el asfixiamiento económico de Arica, a través de la potenciación y capitalización de las provincias del sur (Ayacucho y Tacna), definiendo para ello el concepto de “frontera económica”. Ahí radicaría la razón de colocar el inicio de la frontera terrestre en el Punto Concordia: aislar a Arica, que carece de agua y sufre un creciente debilitamiento energético, lo que propiciaría la agudización de la crisis en la sureña ciudad en manos chilenas, según sostienen en Lima.

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Perú ha seguido con detenimiento el quehacer de Arica y sus poblados, ha tomado nota de cada uno de las decenas de anuncios de “fortalecimiento de la puerta norte de Chile” que se han venido haciendo desde la dictadura hasta ahora.

Esta visión peruana ya había sido alertada en 1992 en un trabajo que realizaron dos oficiales del Ejército chileno: “Las Relaciones Chileno-Peruanas Contemporáneas: Un Enfoque Realista”, del coronel Juan Carlos Salgado Brocal y el teniente coronel Óscar Izurieta Ferrer (Biblioteca Militar, 1992), donde sostienen que: “La tarea de Perú de llevar la frontera económica a la frontera política hace de ésta una zona de potencial conflicto, ya sea porque se entraría a una pugna impredecible de intereses económicos o porque la solución pueda buscarse a través de una reivindicación territorial”.

La recuperación territorial para Perú es un tema permanente, alojado en lo más íntimo de su elite político-militar y que han ido traspasando de generación en generación. Santiago sabe de los informes reservados peruanos que sostienen que el plazo de recuperación territorial será hacia el 2050 y será sin disparar un solo misil. “Chile negociará la entrega de Arica porque simplemente no podrá mantener una región sumida en la miseria que pedirá a gritos volver a Perú”, sostiene parte del informe, que además define el rol estratégico de Tacna en este proceso como plataforma natural para la expansión al sur de la “Línea de la Concordia”.

Por ahora la reacción chilena ha sido a través de declaraciones altisonantes, pero ninguna medida concreta, lo que también es evaluado en Lima, que al ver debilidad en la reacción chilena, sigue avanzando en su plan.