barría

JOSE CANCINO N.
Más allá del movimiento del día a día quiero detenerme para destacar a un iquiqueño, de esos que en la piel está pegada la vida y el alma de esta ciudad. Se trata de mi amigo Edgardo Barría, más conocido como “Barry”, sí el Barry de la Plaza Arica. Ese mismo de la ciudad de calles sin asfalto, de veredas de madera, de las putas convertidas en musas de la urgencia, de los perros vagos y los vecinos solidarios, niños juguetones y de los borrachos de la esquina.
El Barry, corría por El Colorado, con su ropa humilde y zurcida por su madre, para subirse con sus amigos al tren y sacar el carbón, para luego venderlo. Ese cabro chico que se agarraba a coscachos con quien lo provocaba, en eternos pugilatos que aún se recuerdan en la Plaza Arica.
Su padre, hecho en el rigor salvaje de la vida, fue un destacado dirigente de los trabajadores y un devorador de literatura. De él, Barry aprendía cuando niño, que leer es soñar y abrir el horizonte de la vida. Estudió en la escuela Centenario y creo, que Barry es uno de los pocos que en Iquique canta el himno de China, primero fue de los nacionalista (Taiwán) y luego el de China de Mao.
Barry conoció en su juventud a aquellos personajes del imaginario de la ciudad, los observó e interactuó con ellos algunas veces. Nunca dejó su Plaza Arica, incluso las malas lenguas aseguran que Barry saltó de la niñez a la adolescencia con la flaca Margarita, integrante del staff de la profesión más antigua del mundo, cuya base era la Plaza Arica.
Muy joven, el golpe militar lo encontró como empleado de una pesquera. Allí se dio cuenta de lo brutal que se venía la mano con la dictadura, además de la metamorfosis de algunos humildes trabajadores a agentes encubiertos y represores. Sus hermanos tendieron una red de protección, para que no lo tomaran preso por su pasión por la libertad y su apoyo a los cambios de la vida nacional, que proponía el Gobierno de Salvador Allende.

Foto referencia
Foto referencia

Muchos de sus amigos se fueron a vivir la dictadura lejos de Chile, pero Edgardo se quedó acá trabajando y apoyando a quien lo necesitaba. La radio Moscú fue su fuente de información sobre lo que sucedía en el Chile de Pinochet y sus cómplices civiles.
En los ochenta, con una grabadora en mano recorría las poblaciones para buscar esas informaciones de los vecinos, esas noticias que no tenían cabida en los medios oficiales. Allí nació el “Boletín Poblacional”, que editaba el CREAR, organismo sin fines de lucro que reclutó a Barry. Luego vino su trabajo reporteril en las radios, para llegar El Nortino, donde también fue dirigente sindical.
Barry trabajó en varios proyectos de medios de comunicación, donde fue afilando su pluma y redescubriendo que con los años las injusticias que observó durante su niñez, seguían vivitas y coleando.
Hace 21 años lo conocí en El Nortino y nuestra amistad dura hasta el día de hoy, claro con altos y bajos, en el sentido de las distancias que surgen con los diferentes trabajos que hemos ejercido.
Hace cinco años lo invité a trabajar en este proyecto El Sol de Iquique, primero arrugó la nariz, no confiaba y lo entiendo, pero al poco tiempo le tomó el gusto y se dio cuenta que tenía que subir al escalón de Internet. Red que no solo servía para chatear, sino para conocer más personas del mundo.
Bajo su pluma nacieron varias secciones que se mantienen en El Sol de Iquique. Su afán de buscar el otro lado a las cosas que nos cuentan en forma oficial, es su pasión, por lo cual nuestro medio ha logrado dar a los internautas otra mirada de la vida de Iquique.
Hoy Edgardo está enfermo por una delicada intervención quirúrgica, pero está repuntando para que nuevamente vuelva en pleno y podamos reírnos de quienes creen que nos tragamos sus cuentos, de soñar con mejorar la vida, tomarnos un vinito y convertirnos en viejos verdes mirando las muchachas.
Un abrazo querido compañero Barry, las teclas de los computadores de El Sol de iquique lo están esperando…