Lamentablemente nos detenemos, porque me nos da miedo el rechazo. Un hábito de las parejas más felices es la forma en que se tocan. Ya sabes, aquel par de personas que inclinan sus piernas para estar más cerca, que se tocan las rodillas, que se ven a los ojos y extienden la mano para acariciar la mano de su pareja.

Cuando que vemos que una persona le acomoda el cabello a otra, que se toman de la mano y acarician su brazo mientras sonríen; nos damos cuenta que la atención está enfocada ahí, para ellos. Es sutil, pero en un nivel muy primordial, están teniendo una comunicación con la otra persona.

Es por esto que es importante que tú y tu pareja se acaricien con más frecuencia, porque este sencillo acto crea una intimidad incomparable que dice sin palabras “me importas, quiero estar contigo, quiero pertenecerte, quiero estar cerca de ti”.

Si uno de los dos está tenso, enojado o estresado, una caricia puede ser la solución. Lo importante es que dejes tu ego en la puerta y que te acerques físicamente a tu pareja para que sepa que estás ahí. El contacto piel a piel puede ser mucho más efectivo que una conversación larga.

Y no digo que hablar no sea bueno, por supuesto que lo eso. Pero muchas veces queremos racionalizar todo y nos olvidamos de reconfortar nuestro espíritu y el de nuestra pareja. Lo creamos o no, estamos hambrientos de contacto físico, aun en nuestra cultura que es sumamente física.

Abrácense, acaricien el cuerpo de la otra persona con amor y aprecio, permitan que su pareja las mime y acostúmbrense a la cercanía física de alguien más. Para experimentar los beneficios de las caricias no hay nada mejor que ponerlas a prueba, ¿no creen?

Fuente: Informe 21