La sexualidad se encuentra principalmente relacionada con nuestro género, nuestros vínculos afectivos, nuestra reproductividad (con sentido de trascendencia) y el erotismo. Hay que perder los temores y descubrirnos en ella, porque más allá de obtener placer, resulta saludable. María José CA nos trae más del tema.
La sola presencia de la palabra sexualidad es lo suficientemente incómoda para levantar cejas, cerrar piernas y reacomodarse en el asiento. E inclusive robarnos las palabras adecuadas que expresen pequeñas guías o colosales dudas que pueden desencadenar en bullying, violencia de pareja y de familia, matrimonios infelices, infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, entre otros.

Debido a cierto pavor generado alrededor de la sexualidad como un elemento exclusivo del erotismo, olvidamos la influencia de esta noción en otras áreas de nuestra vida.

Por lo que, la manera en que aceptamos y conocemos a nuestra sexualidad, será el método en que nos relacionaremos con personas de un mismo o diferente sexo, nos sentiremos con uno de los géneros o inclusive encontrarse atraído por alguno de ellos, descubriremos métodos para mantener una relación interpersonal sana y funcional, nos vincularemos con cada una de las sensaciones del cuerpo en función de los sentidos básicos (vista, gusto, tacto, olfato, oído), formaremos un proyecto de vida (como un trabajo o una familia) que exprese nuestra esencia, conoceremos placeres propios del erotismo y la felicidad, encontraremos el balance entre nuestras fuerzas masculinas y femeninas, etcétera.

Desgraciadamente el erotismo es una de las áreas socialmente más afectadas para vivirlas tanto en pareja como individualmente. Pensamientos tales como “pensará que soy una cualquiera”, “de seguro ha estado con mujeronas mejor que yo”, “¿cuándo habrá sido la última vez que estuvo con otra mujer (u hombre)?”, “¿por qué no se excita tanto como antes?”, “¿ya no le atraeré?”, “¿para qué? si sólo quiere un pum-pum y ya”, “ya estoy muy vieja para eso”; son sólo algunos que influyen negativamente en el comportamiento erótico asociado con cualquier práctica sexual (segura o de riesgo). En consecuencia, continuamos considerando que el erotismo es una parte de nosotros fácil de reprimir sin consecuencias graves en nuestro día a día. Como si tuviéramos una buena salud sin erotismo.

Dentro de esta premisa, donde uno goza de una buena salud reprimiendo su erotismo, observamos una tendencia predominante: aquella donde se considera que una salud se refiere sólo a la ausencia de enfermedad, en vez de tratarla como un bienestar integral y plena. Por consiguiente al aceptar, reconocer y permitir que el erotismo forme parte de la vida de uno, entonces nos proporcionamos este bienestar integral y pleno hacia el camino de una trascendencia personal, profesional e incluso espiritual.

El camino de la aceptación del erotismo es largo, y empieza con discriminar aquellos pensamientos creados por una cultura y sociedad represora. ¿Cuáles son aquellas creencias que influyen negativamente en la manera en que nos sentimos con nosotras mismas; en el modo de vestirnos a la hora de estar a solas o de salir a la calle; en que entramos en contacto directo con nuestro cuerpo desnudo y sus sensaciones? Y tras discriminarlas, es importante analizarlas acerca de su

Continúa con las sensaciones básicas relacionadas con el placer: ¿qué tipo de aromas, visiones, sabores, tactos, o armonías te gustan? Distingue cuáles son las sensaciones que más goce te proporcionan, y procura disfrutarlo en la intimidad. Escucha a tu cuerpo vibrar ante estos pequeños momentos de sensibilidad, los cuales darán pauta a una nueva visión del placer erótico a nivel intrapersonal.

Eventualmente sentirás algo extraño… Algo que te guiará en el recorrido de las sensaciones de tu cuerpo; que pedirá a gritos sentir, a caricias, la superficie de una piel suave, hermosa, sensual, viva. Y ahí, sólo ahí, el erotismo podrá formar parte estable de tu vida como un unificador del caos y la belleza hacia una trascendencia única y hermosa.

Fuente: Informe 21