JOSE CANCINO
Parece que ya nada puede sorprender a los chilenos de a pie, pero la decisión del tribunal de Cauquenes de absolver a Martincito Larraín nos deja con la sensación que no es un mito o un cliché que hay justicia para ricos y otra para pobres.
A contar de ahora Martincito podrá seguir viviendo tranquilamente y tomando en garrafa cuanto pueda, y lo más seguro que este fin de semana hará un asadito con los amigos para celebrar la decisión de su justicia, esa que lo protegerá toda su vida y que desde su mirada de intocable seguirá pensando que los demás somos sus empleados.
Quizás poco le importe a la justicia chilena las palabras de la madre de Hernán Canales, Marisol Venegas, pero en su simple sabiduría de mujer de esfuerzo golpea en el mentón a los magistrados: “Fue una gran burla, porque yo soy pobre y ellos tienen plata”.
El gobierno dirá que acata los fallos de la justicia dejando en el desamparo a la familia de Canales. La Fiscalía dirá que hicieron todo lo posible por entregar pruebas de culpabilidad de Martincito.
En las redes sociales opinaremos y repudiaremos el fallo que liberó a Larraín de la culpabilidad.
Hoy en la noche cuando Martincito, en la comodidad de su hogar, se sirva un whisky sonreirá al ver en la televisión el spot de la Ley Emilia.

 

Ilustración: gentileza de Guillo