“No es para ti, te hace daño, has cambiado mucho desde que están juntos…” No importa cuánto insistan quienes nos rodean, cuando no somos conscientes del daño que esa relación nos hace, pueden pasar meses, incluso años, y seguimos aferrados a algo que no nos deja avanzar, o peor aún, que nos arrastra hacia abajo. ¿Por qué nos quedamos en relaciones que nos destruyen? ¿Es posible salir de ellas?

Si fuésemos puro instinto, al estar con alguien que nos trata mal nuestro mecanismo de supervivencia ordenaría: ¡corre por tu vida! Sin embargo, existe todo un sistema de creencias que nos mantienen en esa posición, desde la culpa, la sensación de “no merecer algo mejor” o de “pagar por ser como soy”, hasta principios religiosos, herencias históricas y mandatos sociales forman una compleja red inmovilizadora. Eso, hasta que nos damos cuenta de cómo funciona y entonces podemos retomar el camino. Parece que lo más difícil es darnos cuenta de cómo está construida esa red o sistema de creencias; como si fuese una madeja de hilo, tenemos que empezar por algún lado. La investigadora y terapeuta Juliana Breines sugiere cinco estrategias para llegar sin temor al principio del fin.

1. No confundas amor con adicción . Los datos varían ligeramente, pero después de repetir una acción más de 28 veces (por más que ésta sea incómoda, incluso dolorosa) el cuerpo la registra como un hábito. Algo similar pasa con el amor. Un estudio mostró cómo, cuando una persona mira fotos de la persona a la que ama, el cerebro registra actividad en las mismas regiones que se activan con el consumo de cocaína. ¿Eso quiere decir que todas las formas del amor son adictivas? Más o menos, todo depende del tipo de relación. Si está fundada en el respeto, la confianza y el compromiso, no importa si la droga de la pasión deja de tener su efecto, porque la relación se sostiene en afectos más emocionales y menos físicos. El amor adictivo y destructivo, si no encuentra un camino emocional o espiritual, busca “subir la dosis” a cualquier costo, de ahí que mucha gente sea adicta al drama: celos, comportamiento impredecible, peleas en donde las heridas “se curan” con sexo, etc.

Toma distancia, dice la Dra. Breines, mira a esa persona como si fuese un proceso biológico. No te ha llamado, te sientes ansiosa, estás a punto de tomar el teléfono para llamarlo tú. Para, sólo hazte consciente de esa sensación: no la produce una persona, es un coctel de neurotransmisores. Respira, sigue con lo que estabas haciendo.

2. Practica la autocompasión. Entre las personas que te quieren, algunas te presionan para que dejes esa relación, otras te impulsan para que lo soluciones, y otras simplemente se guardan su opinión para no confundirte más. Sin embargo, persiste la sensación de parecer patética, enferma o “loca”. Cuando estamos cerca de tomar consciencia y, por lo tanto, acción, lo último que queremos escuchar son juicios ajenos o propios, lo que necesitamos es motivación y contención. Y para recibirla, tienes que empezar por ti: practica la autocompasión, deja de torturarte pensando que eres una persona egoísta o enferma; es completamente humano apegarnos a alguien, a todo el mundo le ocurre una o varias veces en la vida; cuídate, quiérete, haz lo que sea mejor para ti, aléjate del dolor, porque si no, no tendrá sentido.

3. Renueva tus opciones. Si todas tus opciones de vida llegan al mismo punto (tu pareja), busca otras. Piensa todas esas situaciones en las que flaqueas, haz un plan A y un plan B (excluyendo cualquier opción de pareja) y apégate a esas opciones cuando ocurra. Por ejemplo: “Si me siento sola y empiezo a extrañar a esa personita, tomo el teléfono y lo llamo para que volvamos”, es exactamente lo que no hay que hacer. “Si me siento sola, llamo a una amiga y nos vamos al cine, salgo a caminar, escucho mi música favorita (que no está relacionada con ese amor que te hace daño), planear ese viaje que has postergado, etcétera”. Las malas relaciones de pareja suelen apartarnos de otros mundos y otras posibilidades personales; retómalas, ponlas en práctica, sé paciente y cambia tus patrones de comportamiento. Toma un tiempo y hay que vencer algunas resistencias, pero, al final, verás que la vida se llena de sentido entre más lejos estás del drama.

4. ¿Sabes qué es la disonancia cognitiva? Si piensas que no tiene nada que ver con tu asunto amoroso, estás equivocada. Dice Juliana Breines que nuestra miente siempre encuentra la manera de justificar nuestras acciones para amortiguar los errores y evitar que nos sintamos estúpidos. Ese fenómeno es conocido como disonancia cognitiva. Aunque las justificaciones suenen imposibles a ojos ajenos, encajan perfectamente con lo que vivimos porque eso nos hace sentir parte de algo (un grupo, una relación, una familia, un país, un sistema). Digamos que es una estrategia mental de pertenencia, y también se da en las relaciones tortuosas, sobre todo cuando llevamos mucho tiempo en ellas. Entre más tiempo hayamos pasado en esa relación, más difícil es para la mente aceptar que estuvimos “equivocados” durante meses. Entre más confiamos en la mente (el ego, el juicio, el miedo), más disonancia habrá y más fuertes serán nuestras justificaciones. Solo tienes que soltarlo, bajar la guardia, aceptar con amor eso que nos ocurre a todos. No caigas en la trampa de tu mente, no dejes que tus justificaciones guíen tus decisiones. Y desde ahí llegamos al quinto paso:

5. Decisión, convicción y responsabilidad. Terminar una relación no es una acción que dure un día, es un proceso en el que hay dolor, sensación de fracaso, momentos de debilidad, pero también de fortaleza y aprendizaje. Si decides terminar (o continuar) tu relación por presiones externas, lo más seguro es que no dures mucho en la misma posición. Si tomas tu decisión profundamente convencida de que eso le devolverá el sentido a tu vida, asegúrate de dar el paso rodeada de personas que traerán amor, apoyo, opciones adecuadas para sostener tus intenciones, gente que no te juzgue pero que tampoco sea cómplice del sistema de dolor del que pretendes salir. Si todo falla, insiste la Dra Breines, vuelve un paso atrás y pregúntate:

¿Qué es lo que realmente quiero?, sólo tú conoces la respuesta.

Fuente: Informe 21