Después de la Guerra del Pacífico, en Chile surgieron personalidades del mayor prestigio claramente favorables a la causa marítima boliviana. No estamos descubriendo nada nuevo, pero veamos que ha ocurrido en el último tiempo.
Leonardo Robles
El Ciudadano

En el año 2006, hubo un multitudinario acto en el Court Central del Estadio Nacional de Santiago recibiendo al presidente Evo Morales quien emocionado por el cariño de nuestro pueblo expresó la importancia de la unidad latinoamericana para lograr la igualdad y la justicia en “nuestros pueblos”.

El presidente boliviano no pudo ocultar su sorpresa al recibir el espontáneo grito del público que demandaba “mar para Bolivia”. Que hermosa muestra de hermandad que se juntaba a las pancartas que expresaban “Bolivia un mar de amigos” y “América sin fronteras, mar para Bolivia”. Con la sencillez que lo caracteriza, Evo decía: “nunca me había imaginado que aquí, el pueblo chileno también reclama el mar para Bolivia”.

Los pueblos como actores

Merece ser destacado que el Mapuche, como parte de esta tierra, también ha tenido un sincero acercamiento con el presidente boliviano. Este pueblo que ha recuperado el derecho a expresarse, a organizarse y a vivir en una nación que no le puede ser ajena u hostil ha encontrado más allá de su radio territorial un amigo, y otros más, en Bolivia.
“Nunca me había imaginado que aquí, el pueblo chileno también reclama el mar para Bolivia”

 

La autodeterminación de los pueblos no es un invento del moderno Derecho Internacional. Hace siglos que nuestros pueblos saben vivir y organizarse y debemos entender que los pueblos originarios son anteriores al surgimiento formal de los Estados y, por lo tanto, cuando se pide respetar su autodeterminación no se trata de una concesión del Estado hacia ellos, sino de un reconocimiento sabio de los orígenes y antecedentes de nuestras naciones.

Cuando las Naciones Unidas aprobaron los instrumentos sobre los derechos de los pueblos indígenas, reconocieron las grandes desigualdades encontradas en la formación política y social de nuestros países. Tuvieron que avalar los derechos a la igualdad, identidad, justicia y libertad, a la no discriminación, a la diversidad, a los saberes, credos y tradiciones ancestrales, a la relación con la naturaleza y sus recursos, a la organización y gobierno autónomos, etc., palabras que claramente eran ajenas al sistema de dominación y al colonialismo.

Todavía hoy existen gobiernos llamados “clasistas” que privilegian a ciertos estratos sociales con valores foráneos y que no quieren asimilar, en su relación con los “demás”, que los pueblos tienen identidad, que esta es una gran fortaleza y el punto de inicio de un caminar común de verdadera unidad y que no tiene retorno.

 

La apertura chilena

Cuando Bolivia anunció recurrir a la Corte Internacional de La Haya por su demanda marítima, el Partido Comunista se declaró partidario de que Chile le dé a ese país una salida soberana al mar. Así lo expreso, por ejemplo, la dirigente Camila Vallejo, quien mencionó que Bolivia podría dar a Chile energía en el marco de una política de integración.

Isabel Allende, una de nuestras más reconocidas escritoras afirmó, por su lado, que “Bolivia debe tener una salida al mar, tiene que haber un arreglo”.
Los pueblos originarios son anteriores al surgimiento formal de los Estados y, por lo tanto, cuando se pide respetar la autodeterminación de los pueblos no se trata de una concesión del Estado

En el último tiempo, cuando la presidente Michelle Bachelet retornó a La Moneda en marzo de este 2014, nuevamente Evo Morales visitó Santiago y Valparaíso. Pudimos advertir como la gente lo saludaba y daba muestras de apoyo a Bolivia en las afueras del Congreso. Posteriormente en una reunión en la Fundación Progresa se trató de la integración entre ambos países y finalmente en la concentración en el Teatro Caupolicán, unas 5.000 personas corearon nuevamente “Mar para Bolivia”. El Manifiesto del Encuentro por la Unidad de los Pueblos reconoció que el derecho al mar para Bolivia es parte de la lucha por la integración latinoamericana expresando: “una salida al mar para Bolivia es un hecho de justicia, de integración y reciprocidad entre pueblos que comparten una misma historia, que son parte de una misma tierra…”.

En julio el dirigente sindical Víctor Quijada afirmó que la propuesta de su sector en el Encuentro Sindical Internacional Antiimperialista se orientaba a pedir mar para Bolivia con soberanía e Islas Malvinas para Argentina.

El ex candidato a la presidencia de Chile, Marco Enríquez-Ominami le pidió a la presidenta Bachelet que reconozca que la demanda marítima boliviana es un tema pendiente y criticó que se siga con la línea de política exterior del ex presidente Sebastián Piñera.

Durante agosto, en el Foro de Sao Paulo, el presidente del Partido Humanista de Chile, Octavio González, respaldó la demanda marítima boliviana. Luego, organizaciones políticas y sociales de Chile aprobaron una declaración de apoyo a la demanda marítima boliviana, en la que piden a las autoridades chilenas retomar el diálogo bilateral para analizar la petición boliviana de una salida soberana al mar.

En octubre se conocieron algunos hechos curiosos y significativos:

Se presentó una carta de organizaciones chilenas que respaldan la demanda marítima boliviana. La misiva está dirigida a la mandataria Bachelet y recuerda que algunos presidentes como González Videla o Salvador Allende consideraron distintas soluciones al enclaustramiento que padece Bolivia. Incluso Augusto Pinochet avanzó en una fórmula.
El representante de la “Casa Bolívar” Marco Riquelme y otros miembros de organizaciones de Chile rechazaron el video que presentó el Gobierno impugnando la competencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en la demanda marítima presentada por Bolivia.
Asimismo, en la Cancillería boliviana se descubrieron dos murales alusivos al mar que fueron pintados por los artistas chilenos Patricio Madera y Beto Pastene.

Una contribución para resolver el problema marítimo boliviano

En Bolivia le llaman “Diplomacia de los Pueblos” y se expresa a través de movimientos sociales, actores, eventos y manifestaciones positivas que trabajen por los temas que antes estaban en una canasta olvidada y llena de polvo. Se recuperan temas que son muy importantes para nuestra verdadera integración.

Quizás este hubiera sido un ingrediente ideal en los años 70 cuando la región vivía bajo regímenes de fuerza y los gobiernos militares de Chile, Bolivia y Perú transpiraban desconfianza. Durante el llamado proceso de Charaña los sectores sociales hubieran jugado un rol fundamental para llevar la negociación a buen y feliz término.

El tema de la salida soberana y directa de Bolivia al Pacífico sigue pendiente y sigue frenando esa anhelada integración a la que ningún presidente deja de referirse en sus ocasionales discursos.

Como sociedad civil debemos renovar un mandato, especial y específico, para que los gobiernos trabajen seriamente y acerquen a nuestros pueblos. La unidad de Chile, Bolivia y toda la región merece asistir y reconocer la capacidad y sensibilidad de sus líderes para resolver, sin dilaciones y mezquindades, este problema que se arrastra desde el Siglo XIX.