Por PATRICIA GÁMEZ ALVAREZ*

Junto con las evaluaciones internas que se deben realizar ante cualquier resultado, en este caso la que arrojó el último Sistema de Medición de la calidad de la Educación (SIMCE) para Tarapacá, un aspecto clave a considerar dentro de los factores que influyen en el aprendizaje, son la convivencia y el ambiente en que se mueven los alumnos.
Los aprendizajes están condicionados por nuestras emociones, es decir, cuando nos sentimos seguros, valorados y protegidos, realmente aprendemos más y mejor. Por eso es tan importante lo que ha hecho la Agencia de Calidad de la Educación al considerar otros indicadores como lo es el clima de convivencia escolar.
Cuando todos los integrantes de un establecimiento educacional promueven el buen trato, o sea, reconocen al otro como un legítimo otro, sin exclusión de ninguna naturaleza, se crea un círculo virtuoso que no puede desencadenar más que en un clima que favorece el desarrollo cognitivo y emocional de todos los estudiantes y de la comunidad educativa en general.
Debemos alejarnos cada vez más de “La Pedagogía Negra” donde el deber de los educadores era doblegar la voluntad niños y niñas y convertirlos en seres obedientes y disciplinados por medio de la palabra o si era necesario, del castigo físico, pues se pensaba que el niño o niña olvidaría todo estos sinsabores cuando culminaran su pleno desarrollo y se convirtiese en el adulto esperado, fin último de la educación. Hoy se respeta a los niños y niñas como personas íntegras, valiosas en su pensar y forma de ver la vida y el mundo donde se desenvuelven. Esto no implica que los carguemos con responsabilidades que no están a su alcance asumir, sólo significa que no son un “proyecto”, al contrario, son personas en toda su plenitud y que se desarrollan como todos durante toda la vida. Recordemos que los niños no han sido nunca adultos y a nosotros, al parecer, se nos ha olvidado, por ello, no le hablemos de las maravillas de la vida adulta ni les hagamos creer que somos los modelos intachables, pues si insistimos en estos discursos, podemos fácilmente exponerlos a otros peligros.

Hoy se respeta a los niños y niñas como personas íntegras, valiosas en su pensar y forma de ver la vida y el mundo donde se desenvuelven.

Los padres y profesores tenemos el deber de trabajar en la creación de ambientes honestos, sinceros y respetuosos para los niños y jóvenes. Debemos establecer relaciones interpersonales donde el buen trato no sólo signifique no hacer daño, sino que pensar en el bienestar del otro. Y esto se puede manifestar en las reuniones de apoderados, en la sala de clases, en las convivencias, en el saludo de la mañana, y muchas otras formas de la vida cotidiana escolar. Si logramos establecer una cultura y un clima de convivencia positivo, el logro de los aprendizajes de cualquier naturaleza, será una consecuencia de la principal característica de ser humano: el aprender.
Acompañamiento Familiar
Los niños y niñas comienzan a aprender desde antes de nacer. Primero perceptivamente y luego de forma más compleja cuando van desarrollando sus capacidades cognitivas. De ahí que la familia es relevante siempre. Es la familia quien crea el ambiente más cercano e influyente. Las instituciones educativas, principalmente el profesor, complementa esa responsabilidad de apoyar con modelos y enriquecer el desarrollo de los niños y niñas a través de prácticas pedagógicas significativas, es decir, que tengan importancia para la vida de sus estudiantes.
Nadie aprende por otro, si no hay disposición para hacerlo, simplemente no ocurre. ¿Cómo lograr que quieran aprender, entendiendo que el aprendizaje es personal e implica asimilar información nueva e integrarla con lo ya conocido? Haciendo que el aprendizaje no se sienta como un trabajo pesado, sentado en una silla y escuchando lo hermoso que son los paisajes al aire libre. Al contrario, provocar el aprender con contextos reales, conocidos, pero con una nueva perspectiva o desafío propuesto por el profesor.
Camino a la Universidad…
Muchas veces los padres pensamos que la plenitud de los 12 años de estudios obligatorios de nuestros hijos tienen un solo sentido, llegar a la universidad, a un IP o bien a un CFT. Esto es lícito y no tiene nada de malo. Sin embargo, la vocación de los niños y niñas se va revelando paulatinamente y no podemos esperar que tengan una visión a tan largo plazo. Creo que lo importante es que entiendan, por medio del colegio y sus familias, que el hecho de aprender es intrínseco al ser humano y en la medida que los currículos propuestos sean más interdisciplinarios, sigan modelos más ecológicos, podrán responder de mejor manera a las necesidades de corto y largo plazo de los estudiantes. ¿Por qué un alumno no querría aprender algo que siente que es importante para solucionar sus actuales problemas? ¿Por qué no querrá seguir aprendiendo cuando vea lo útil que le ha sido?

*PATRICIA GÁMEZ ALVAREZ.
Directora de la Escuela de Educación.
Universidad Santo Tomás.

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