“Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, es parte de la letra del vals del chileno Chito Faró, que parece que no es aplicable a los extranjeros que proviene de algún país de Latinoamérica, simplemente ¿por creernos los ingleses de América?
Un grafiti en la puerta de la oficina de migraciones de nuestra querida ciudad, “No hay personas ilegales”, puede ser un llamado de atención de cómo vemos a nuestros vecinos que vienen en busca de una mejor vida.
Quizás sea la vuelta de mano de la historia de los pueblos. Muchos chilenos tuvieron que dejar el país en los años 70, tanto por razones políticas o económicas. Países como Argentina, Brasil, Venezuela, fueron sitios donde fueron bien recibidos y tratados con educación.
Está claro que en medio de los migrantes vienen malos elementos, pero ahí es donde la autoridad no ha tenido bien puesto los pantalones para tomar medidas, pero la mayoría de los extranjeros que ha llegado son un aporte a nuestra tierra.
Por eso es bueno dar un buen trato, desde mejorar las condiciones de atención de la oficina de migraciones y cambiar la actitud con extranjeros que viven en Chile, mucho de los cuales ya tienen hijos que se sienten parte de nuestro país.