PROF. HAROLDO QUINTEROS

“Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente obedientes y no deliberantes.” Así lo establece el artículo 101 de la actual Constitución Política de Chile, concepto constitucional anterior a ella; ya consignados en las constituciones de 1833 y 1925. Veamos: 1. Obedientes: Como es inherente al tipo de orden existente en toda democracia representativa, las FF AA son obedientes al poder civil organizado en el Estado, cuya cabeza es el Presidente de la República.

2. No deliberantes: Como consecuencia lógica de su deber de obediencia al poder civil, las FF AA no pueden, por mandato constitucional, asumir posición política alguna; menos aun, actuar de acuerdo a ella. Ergo, sólo pueden usar las armas si así se lo ordena el Estado. Las FF AA no cumplieron con ninguno de estos dos mandatos en septiembre de 1973, falta que hasta hoy no reconocen.

Primero, no obedecieron al Presidente de la República de permanecer en sus cuarteles mientras transcurría la crisis política que se vivía en el país; y segundo, luego de tomarse el poder, pusieron en práctica la plataforma programática de la derecha política; es decir, de sólo uno de los sectores civiles de entonces.

Tanto la junta militar, como individualmente sus integrantes, se identificaron abiertamente como “anti-marxistas,” en obvia alusión a la izquierda chilena que luego de ganar el gobierno por la vía electoral se proponía la fundación de un Estado socialista. Pues bien, desde el fin de la dictadura (1990), ¿las FF AA han abandonado ese sesgo político? Aunque sus ex – comandantes en jefe, los generales Izurieta y Cheyre, así lo aseguraban, ciertas declaraciones recientes del actual jefe máximo de ellas, el General Humberto Oviedo, sugieren lo contrario.

Por ejemplo, Oviedo ha dicho que “los políticos son transitorios, y el Ejército es permanente.” Con esto, sólo deroga la importancia del poder civil organizado, a quien el Ejército y todas las demás ramas de las FF AA deben obediencia, les guste o no. Por cierto, sólo las personas son transitorias, por estar sujetas a estados de enfermedad, senectud y muerte; por lo tanto, las instituciones, sobre todo las del Estado, son permanentes, y en una democracia la primera y más importante de ellas no es el Ejército ni las FF AA, sino la organizaciones políticas que ha creado el Estado para su funcionamiento, conformadas por políticos. Otra frase nada edificante de Oviedo es ésta: “el Ejército es bastante maduro como para decidir lo que es bueno o no para la institución.” No, General. La madurez del Ejército sólo consiste en su convicción que no se manda solo, y que su Generalísimo es el Jefe de Estado, el Presidente o Presidenta de la República, quien sea. De modo que lo que es “bueno o no” para el Ejército y las FF AA lo decide el Estado, conforme a las formas que lo estipula la Constitución Política.

Hay más, Oviedo aseguró que no hará sacar la fotografía de Manuel Contreras de instalaciones militares de las cuales éste fue su comandante. Esto lo ha declarado sabiendo que esta decisión suya no es compartida por el poder Ejecutivo ni por la amplia mayoría del Parlamento. En torno a este incidente, es más preocupante aún esta otra declaración: “Si empezamos a esconder los procesos históricos, puede ser peligroso, de no asumir los criterios de responsabilidad que cada momento de la historia nos entregó.”

Pues entonces, según Oviedo, el asalto al poder civil mediante un cruento golpe de Estado en 1973 responde a “criterios de responsabilidad” que un “momento de la historia” impuso a las FF AA. Es decir, para Oviedo no existía una derecha política que les demandaba tomarse el poder, para luego ejercerlo al amparo de las armas que les proveyeron las FF AA. Finalmente, un colofón que en cualquier país de verdadera democracia, simplemente significaría la inmediata remoción de su cargo. Dijo Oviedo: “Déjenos a nosotros ver los planteamientos que nos hace la sociedad (…) somos bastante maduros para (…) responder a lo que lo que la sociedad nos exige.”.

La “sociedad” se organiza en el Estado, y su expresión concreta mayor es el gobierno en vigencia; por lo tanto, es sólo a él al que las FF AA deben responder, y eso no lo hicieron en 1973. Con estos alcances, Oviedo no asume la responsabilidad que tuvieron las FF AA en el fin de nuestra antigua democracia, en los atroces crímenes que cometieron muchos de sus integrantes durante la dictadura (hasta hoy – y no todos ellos- sólo juzgados por la justicia civil), y en la imposición por la fuerza bruta, arbitraria y sin consulta al pueblo, del Estado neo-liberal subsidiario, una propuesta política de la derecha civil. En verdad, después de estas declaraciones, no se entiende el silencio y falta de coraje del gobierno de poner las cosas en su lugar, como lo haría cualquier gobierno democrático serio.

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