Por FRANCISCA CABELLO

Creo que luego de la primera columna dejé en claro mi orgullo por ser iquiqueña, y ahora no podía dejar de estar presente escribiendo algo de mi Iquique ya que cumplió 136 años ¡Felicidades querido!

El estar viviendo en Santiago me ha hecho apreciar aún más el sentimiento de amor por mi ciudad, siento que aquí todos viven para subsistir y que al momento de enumerar los beneficios de residir en la capital, esta se reduce inmediatamente a una: oportunidad. Por eso haré una pequeña comparación respecto al vivir en Santiago y vivir en Iquique ¿Por qué? Porque ando ocurrente.

Primero que todo, el contexto. O sea es súper lindo ver verde por todos lados, es verdad pero ¿qué onda la inexistencia de mar? De verdad que me supera, no sé cómo pueden vivir así, yo he podido pero después de haber pasado casi tres meses de verano con mar, porque claramente me retiro en época estival.

Segundo, es súper céntrico, estás a un paso del litoral, puedes viajar al sur y todo el cuento, pero nosotros igual tenemos un oasis en medio del camino (como la canción) donde agarras una piedra, la frotas en la roca y ¡puf! Un perfecto barro que te sirve de facial y les juro que es lo más. Cabe destacar la cercanía con Tacna, que no será una ciudad muy moderna pero tiene convenientes precios en spa, en tratamientos dentales y en alcohol.

Muchos lugares para visitar tendrá pero tienes que tolerar tacos kilométricos, y no me refiero a esos lindos zapatos que te dan altura y prestancia. NO, es la máxima congestión vehicular que se forma en las horas peak y que tardas años luz en poder llegar a tu destino, por eso ni ganas dan de salir. En cambio, en Iquique tú te quedas sin dinero y no importa, sólo caminas, es maravilloso.

Algo que puedo rescatar es que se come, y se come bien. Existe mucha variedad gastronómica pero nada comparado con ese chumbeque de guayaba, ese piquichuqui con helado de mango del Pingüino o esa insuperable pizza italiana del Pizza Pazza. Prefiero no seguir porque me dio hambre.

Y así podría seguir contando infinidad de bondades que nos entrega mi Iquique Glorioso. Obviamente no todo es espectacular, para ser más objetiva presenta siempre fallas como hoyos, basura en las calles y esas pobres palmeras disecándose en la Costanera, aunque me gusta porque le da un aire a Los Ángeles, pero por Dios un poco de hidratación no le viene mal a nadie.

Foto Brisamar.cl