JUAN JOSE PODESTA

Hay rutas santas y otras no tanto, pero lo cierto es que en cada ciudad de Chile los ebrios tienen una ruta sagrada. Iquique posee la suya y no tiene nada que envidiarle a ningún otro recorrido.

El bebedor del que hablo empieza a media mañana en el Chache Schop, ubicado en la esquina de Bulnes con Vivar. Hace unos años se fue el antiguo Chache, a los 78 años, pero su hermano atiende hace ya un buen tiempo. en el Chache Schop, que a pesar de estar a pocos metros de un importante colegio nunca ha sido cerrado, el bebedor que sabemos pide el tradicional schop en vaso chico y helado, para que nunca, pero nunca, se caliente. nuestro hombre exige la famosa “pichula”, que no es más que licor de cacao vertido sobre cerveza, a pesar que muchos le atribuyen una categoría cercana a “secreto” de la casa. dicen que es como un Viagra casero.

Al segundo schop, el santo bebedor se retira alegre y discreto, como la concurrencia. feliz de haber compartido con la pléyade de funcionarios públicos del último escalafón, que deben ser los seres más tistes, pero sin duda los más entretenidos del universo.

El bebedor camina, evitando en lo posible el sol con gafas grandes, por Vivar en dirección norte hasta Tarapacá, esquina donde vira hasta calle Amunátegui. ahí, el bebedor ve imponente en una de las esquinas el bar Genovés.

Entra, saluda al dueño, que siempre está en el rincón de la inmensa barra que da a la puerta, y pide una Cristal, un gin, güisqui o vino. son los líquidos que más saldos traen al local, perteneciente a la familia Solimano. En el Genovés los parroquianos son del club Universidad de Chile, y están constituidos por comerciantes del sector, dueños de locales de diversa categoría y camioneros, y la música tiende a ser más del tipo Ángeles Negros. el local va por los setenta años, y dicen que antes tenía muy altos el respaldo de sus asientos para evitar que los concurrentes fueran apuñalados por la espalda por un improvisado enemigo.

Luego puede ir al Colo-Colo, en Latorre con Lynch, donde puede darle el bajo a un par de schop o unas latas de Cristal. En el Colo-Colo caben pocas personas, y ello genera un ambiente de camaradería pocas veces visto.

Continuará…

Publicado en diciembre de 2015.