Iquique es una de las pocas ciudades de Latinoamérica en recuperar la memoria histórica de los tranvías. Buenos Aires, Santos en Brasil, y Lima en 1997, han hecho justicia a la conservación patrimonial de un medio de transportes que nació como apoyo a los ferrocarriles, convirtiéndose en el principal medio de locomoción colectiva durante los primeros cincuenta años del siglo XX.

Nuestra ciudad no fue la excepción en contar con tranvías, al igual que Antofagasta, Valparaíso, Concepción y Santiago, nuestras calles vieron pasar a estos vehículos primero tirados por caballos, para luego utilizar baterías y diesel. De acuerdo a los antecedentes rescatado por los investigadores, los tranvías habrían funcionado hasta 1930, no pudiendo competir con el nuevo sistema de transporte que significaban las “góndolas”, tal como llamaban a los microbuses en esos años de un Iquique, que sólo llegaban hasta Las Cinco Esquinas (Vivar con Arturo Prat).

Han pasado largos 86 años desde que corrió el último tranvía por las calles de Iquique, y encontrar sus vestigios es muy difícil. Menos hallar relatos de testigos que vieron y utilizaron ese medio de transporte urbano. Incluso se han encontrado fotos de los tranvías locales en ferias de antigüedades de otros países, aparte de información recopilada por investigadores extranjeros como Allen Morrison.

Una ola de “progreso” recorrió esta parte del mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Con el inicio de la construcción de la Ruta Panamericana, en 1940, camino que uniría al continente desde Alaska hasta la Patagonia, los gobiernos comenzaron darle importancia a los caminos internos. Esto originó el interés por mejorar y abaratar los costos de transporte que otorgaban, en esos años, los precios de los combustibles.

Para 1947 el fin de los tranvías era algo irremediable. El mismo Estado chileno creó la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, ETC, que adquirió en Norteamérica los buses Reo, Diesel, considerados los más cómodos de la época. En el mismo tiempo se concreta la llegada de los Trolley, que usaba electricidad para funcionar. Santiago, Antofagasta, Valparaíso y Concepción recibieron las máquinas para reemplazar a los viejos tranvías.

En 1957, pocos tranvías recorrían las calles de Santiago. En Buenos Aires, seis años después, en el aristocrático barrio de Belgrano, los vecinos despiden a último tranvía de la capital argentina. En Lima una campaña en contra de un diario peruano, logra poner fin al sistema en 1965. Y, en Brasil el puerto de Santos, cerró sus tranvías en 1971.

La historia tranviaria de Iquique se remonta a 1885, cuando se funda el Ferrocarril Urbano de Iquique, FC.U. , cuya casa de máquinas y bodegas estaba ubicada en el mismo lugar donde hoy está el Liceo Politécnico, Vivar con José Miguel Carrera.

Por los pocos antecedentes que existen sobre su historia, en Iquique solo funcionaron dos tipos de tranvía; los de sangre, tirados por caballos y una adaptación local de carros con combustible diesel o bencina de 1915 en adelante.

A diferencia de otras ciudades, en Iquique la propiedad de los tranvías era de privados y no de empresas eléctricas, como en Santiago o las ciudades de Temuco y Talca. Estas dos últimas, cerraron el funcionamiento de sus tranvías en la misma época que los de nuestra ciudad.

Según un mapa confeccionado por el investigador Morrison, las calles por donde transitaban loas tranvías eran: Baquedano, Luis Uribe, Vivar Amunátegui, Juan Martínez y 18 de Septiembre. Además en Matadero (Videla), Sotomayor, Esmeralda, Bolivar, San Martín, Serrano, Thompson, Santiago Aldea, Orella y Riquelme.

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La trocha que utilizaron los tranvías fue la estándar, conocida como Stephenson de 1,435 mtrs. Otro dato interesante, es que los tranvías tenían un recorrido hasta la península Cavancha, donde giraban los carros nuevamente en dirección a la ciudad. Hasta hace algunos años, existía allí un vestigio del tranvía, por eso se denominó la “Calle el Riel”, de lo que hoy solo queda el nombre.

Recordemos, que según los antecedentes recogidos, el último coche habría recorrido las calles de la ciudad en 1930, por lo tanto pasaron 70 años hasta que nuevamente un tranvía fuera puesto en movimiento por las céntricas calles del puerto del norte de Chile. El año 2000 el municipio iquiqueño implementó la creación de dos coches para ser utilizados en el Paseo Baquedano. Uno de sangre”, que duró muy poco en servicio, para ser llevado a Santiago y exhibido en la Bienal de Arquitectura de octubre del 2002.

El otro vehículo a baterías, tipo Imperial de dos pisos, cuya velocidad no supera los 5 kilómetros por horas, funcionó un tiempo, pero por daños en el diseño de las vías y en el motor del tranvía, estuvo detenido un par de meses.

Así Iquique, se sumó a las ciudades que devolvieron la vida al tranvía, otorgándole el valor patrimonial que las autoridades de los años cincuenta desconocieron. Tal fue el daño y el olvido que sufrieron los vagones de esa época, que no quedó uno solo de ellos. Y los pocos que se encontraron, eran esqueletos y fierros oxidados.

La Asociación de Amigos del Tranvía de Buenos Aires, fundada en 1976, tuvo que recurrir a Portugal y comprar allí sus primeros carros, cuyos modelos eran muy parecidos a los originales que recorrían las calles de la capital trasandina.

En 1980, pone en funcionamiento un pequeño trayecto histórico de los tranvías en el barrio de Caballitos, gracias al apoyo de la empresa que administra el tren metropolitano de Buenos Aires (Subte).

Veinte años después Iquique se une a junto a estas ciudades a rescatar el medio de locomoción de principios del siglo XX, convirtiéndose en la primera ciudad de Chile en tener un tranvías funcionando.

La historia es parte de nuestro crecimiento como seres humanos, así podemos reconocer nuestras debilidades y errores, como fue abandonar un sistema ferroviario y tranviario, considerado hoy ecológico y económico, el que debemos recuperar para nuestros hijos, para el futuro.

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La historia tranviaria de Iquique se remonta a 1885, cuando se funda el Ferrocarril Urbano de Iquique, FC.U. , cuya casa de máquinas y bodegas estaba ubicada en el mismo lugar donde hoy está el Liceo Politécnico, Vivar con José Miguel Carrera.
JCN