El narcotraficante, mesero de bares, borracho perdido y periodista camuflado, contó que pasó unos días en Iquique, escondido en casa de un destacado mesero con cara de laucha de un céntrico local que preferimos no nombrar. Confesó que al irse dejará tres bolsas de falopa en Plaza Prat, para que alguien las encuentre y se lleve un suculento premio.

| Entrevista: Chan Pene.

Traducción: Juan José Podestá.

Sentado en la mesa de un conocido restaurante iquiqueño, y disfrazado de reportero gráfico, el “Chapo” respondió con dura franqueza (muy dura, eso sí) todas nuestras preguntas.

-“Chapo”: ¿Cómo y por qué llegaste a Iquique?

-Mira “güey”, la DEA ya me estaba acorralando, así que recibí la invitación de un amigo mesero para esconderme en su casa por unos días. Tiene cara de laucha. Dormí muy mal en su casa cabrón, porque me puso en un sofá cama más ordinario que flato de mortadela. Bueno, ya estoy hablando como chileno; eso pasa “puto”, que a mí todo se pega, oíste, y no trates de cambiarme. Sobre lo otro, llegué a Iquique en submarino, hijo de la “chingada”, ¿ves? Me bajé en El Morro con dos de mis sicarios, que aún están acá, tomando cerveza ahí, al frente. Salimos todos mojados. Desde la Intendencia nos quisieron detener, pero hablé con unos amigos y por unos pocos pesos mexicanos, ni siquiera dólares “güey”, me dejaron seguir mi camino.

-¿Hasta cuándo te quedas “Chapo?

-Hasta que me boten “cabrón”, estoy feliz acá. Como rico, bebo bien, y hay buenas “güeritas”, cabrón. Ahora, si me quieren echar, yo me los echo a ellos.

-¿Qué haces en las noches?

-Voy a Baquedano, me tomo unos vodkas con mis sicarios, y dejó la cagada disparando al aire. Hago la ruta del Santo Bebedor todos los días, pero repetirla ahora para los que no la conocen sería muy aburrido. Por supuesto, conozco todos los tugurios de Obispo Labbé, de Latorre, de Vivar, de Thompson, Amunátegui. ¿Me captas?

-Pero, ¿no te hicieron más problemas al entrar?

-Quisieron seguir molestándome desde la Intendencia, pero mandé a mis sicarios a tomarse un café con los encargados. Desde ese día no me molestan “güey”. Quise hablar con el alcalde, pero era mucho trámite, así que todavía espero que me reciban. “Cabrón”, es que hallé muy flojos
a los municipales; todo con calma, de aquí para allá, bostezando y firmando. Si fuera alcalde los tendría rápidos a puros balazos. Me gustaría ser alcalde de Iquique. Otro gallo cantaría.

-Insinuaste por ahí que te gustaría que te juzgaran acá.

-Si “güey”. Acá hay garantías, no como en México o Estados Unidos. Acá juzgan a la gente sin revanchismos, hay garantías. Los que cometen delitos saben que no se les hará mucho daño a sus billeteras, y hasta pueden viajar antes que los pillen. Ahí tienes a Jadue, que se fue a despedir de sus amigos a Estados Unidos antes de entrar en “cana”. O a Israel, que tomó vacaciones antes de pagar sus deudas. Esa decir, acá hay estado de Derecho. Mira si no a Davalito, Compagnon, Novoa y a cuanto “cuate”, que sabe que serán juzgados, pero les dan tiempo para hacer sus cosas. Sí, quiero ser juzgado en Chile.

-Háblanos de tu concurso.

-Cuando me vaya, dejaré dos bolsas de tres kilos escondidas en Plaza Prat, y el que las encuentre serán contactados por mis sicarios para conversar y contarles del premio, que en primera instancia será una día entero con la versión iquiqueña de Kate del Castillo: primero un desayuno en El Mercado, luego un almuerzo donde les plazca, y después una noche de amor en un motel donde la explosión empieza cuando uno llega.

-¿Bolsas de qué?

-De maicena “güey”. ¡No pues menso, de la que les gusta a todos los periodistas, que me saliste gil, te mereces un par de balazos, pa’ que te mueras!, como dice la canción de ese grupo, ¿o me vas a decir que no sabes de quién es “Ingrata”?

-¿De Juan Gabriel?

– Ya “güey”, ¡te tiraste! Sandro, Pedro, maten a su vieja, abuela y amigos.

chan pene