PEPE CANCINO

Hace unos día cumplí un mes fuera de Facebook y me siento bien y el invisible hilo que me une a las conversaciones y deseos de mis amigos, ya no me ata al computador o al celular. Dejar la red social fue como dejar el azúcar en mi cuerpo y mejorar mi dieta. Los primeros días me sentía desconectado de una parte de mi realidad, pero una realidad virtual.

Hoy Facebook es nuestra cara pública, donde expresamos nuestros pensamientos, colocamos las fotos que nos motivan, donde esperamos que nuestros amigos opinen de nuestras acciones y sentimientos. Y no faltan los que anotan en Facebook todo lo que hacen, como ir al baño a hacer caca o cuando se rasca la cabeza.

No cuestiono esos comentarios, es cosa de cada uno, pero creo que Facebook nos embrutece, nos hace perder la realidad que vivimos. Ingresé a Facebook hace 7 años, pero nunca lo utilicé como medio para expresar mis emociones, al revés, siempre me reí de lo que hacía y lo que pretendía hacer con la vida.

Un mes lejos de Facebook me ha hecho pensar, evocar y vivir como ser humano, las conversaciones con mis amigos y amigas, abrazarlos, decirle en algunas ocasiones que los quiero mucho. En 30 días no conectado, he bebido, he comido, he besado y cada una de esas acciones las tengo en mi mente como parte de la vida, de respirar, de caminar, de mirar las calles de Iquique y querer mi realidad.

Con esto no quiero pontificar que todos salgan de Facebook, sino que lo expreso como una vivencia necesaria para mí. Cada uno es libre de participar en las redes sociales como el plazca, pero mi opción por ahora (nunca hay que escupir al cielo) es no ser parte de Facebook.