Por Juan José Podesta

Así como Lukas (Renzo Pecchenino), el gran dibujante italiano radicado en Valparaíso y muerto en Viña del Mar en 1988, escribió y dibujó el Bestiario del Reyno de Chile, dando rienda suelta a toda su imaginación visual y poética sobre la identidad nacional, intentaremos una breve tipología de los borrachos de la ciudad. De la A a la Z.

Ebrio Agresivus: Se trata acaso del tipo de borracho más típico de la zona, puesto que la especie se encuentra repartida en casi todas las esquinas, bares, plazas, casas, hoteles y moteles de Iquique. Apenas se toma dos cervezas, empieza a mirar feo a quien se le cruce, emitiendo extraños sonidos guturales, intensificados por el uso de sustancias de extraña procedencia. Generalmente se les apoda con nombres de animales: perro, pescado, laucha, gato, tomoyo, etc.

Ebrio Atávicus: Sin duda, se trata del ebrio más antiguo del mundo, que está incluso antes del origen, por eso el adjetivo atávico, puesto que su origen se pierde en la noche de los tiempos. Es un borracho que sólo manifiesta su ebriedad cuando ésta ya no puede ser disimulada. Pero antes que aquello suceda, y que es muy pocas veces, nuestro ebrio bebe y bebe, sin mostrar signos de borrachera, y su mirada se pierde en los sitios más extraños del bar: un cuadro, una esquina sucia, la pata de la mesa, el techo. Mira largamente, como si tratara de desentrañar los secretos de aquello que observa, extraer su esencia, comprender el objeto. Puede tratarse de un tipo de ebrio naturalmente contemplativo, o derechamente místico. Cuando sus compañeros de mesa le preguntan cómo se siente, responde: “Bien”.

Ebrio Atolondradus: Es un clásico de Chile y de nuestra región. Se trata de una de las especies más habituales de la zona, y científicos se arriesgan a señalar que puede ser la especie que dio origen a todas las demás. Es casi el bing-bang se los ebrios, excepto del Atávicus. Este tipo de borracho mantiene un comportamiento bastante simple: luego de ingerir dos o tres piscolas u otros percolados, pierde ligeramente el equilibrio para extraviarlo completamente un vaso más. Simplemente no puede mantenerse en pie, a pesar de la ayuda de amigos, o de afirmarse insistentemente en mesas, sillas o paredes aledañas. Al final, acaba por desplomarse en el piso, para ser llevado por amigos y conocidos a un taxi. Al otro día se pregunta: ¿Por qué tengo tantos moretones en el corpóreo? La respuesta sólo llega a ráfagas, hasta que algunos de sus amigos le cuenta qué fue lo que le sucedió.

Ebrio Azoradus: Esta especie es habitual, aunque no tanto. Es un tipejo en apariencia muy compuesto, y cuando va al bar a tomar junto a sus pocos amigos, nunca pierde un aire de azoramiento, propio de aquellos sujetos ocupados (o que quieren que se piense que lo están) que siempre están viendo la hora, o si se le nota la borrachera. Siempre anda apurado, como si a las doce de la noche de un viernes tuviera algo más que hacer que ir a ver su fea señora, o a sus malcriados hijos. O peor aún, como si debiera asistir a una reunión con el o la seremi de la repartición pública donde trabaja. Sí. Porque esta especie puede ser encontrada en número no menor en la administración pública. Es ahí donde hacen nata, donde inflan pechos, dándose importancia. Pero al final, al igual que todos los borrachos, termina compartiendo mesa con lo peor del bar, llorando su miserable vida, pero siempre mirando la hora, y preguntando: ¿Se nota que estoy muy curao?, es que tengo que hacer más rato, el director nacional…