Ilustración publicada en El Mercurio el 4 de mayo del año 2001.

Soria ingresó al lobby del hotel Terrado seguido por varios asesores.  Caminó al sector de los comedores, donde el presidente Ricardo Lagos cenaba con asesores y algunas autoridades locales.

-¡Ricardo! Me mentiste-le gritó el alcalde iquiqueño a Lagos.

-Retírese, yo soy el Presidente, yo soy quién decide qué hago y que no hago-respondió  enojado Ricardo Lagos.

-“¡Y, yo soy el Presidente de Iquique!”, le gritó Soria mientras era empujado de la sala por el jefe de gabinete del Presidente, Carlos Rubio.

Ese pasaje fue el punto que alejó a ambas figuras de la política. El presidente Ricardo Lagos volvió nuevamente a Iquique, pero nunca más se reunió con el alcalde Soria, y cada vez que visitaba el puerto, el mandatario lanzaba sus dardos al edil: “He hecho más por Iquique que aquellos que viven todo el día cacareando lo que hacen en Iquique”.

Pero regresando a aquella noche de mayo del año 2001. El conflicto entre el alcalde Jorge Soria y el Presidente Ricardo Lagos surgió en medio de las actividades del mandatario en la región, donde se daba inicio al programa  de Iquique como la Capital Mundial de la Cultura.

Lagos aprovechó de hacer varias actividades y anuncios para  la reactivación económica de la región de Tarapacá. Entre ellas se había reunido con el jefe comunal, donde se habría conversado el tema de la apertura del Hito 60 como paso fronterizo, además de acelerar la ampliación del puerto iquiqueño. El edil quedó conforme con la reunión almuerzo con el Presidente Lagos.

Esa noche Soria llegó a su casa en la península de Cavancha, saluda a su mujer y se sientan a ver la televisión. Quería ver la entrevista, que le habían grabado  durante la tarde  el canal municipal (RTC), al Presidente Lagos. Las expectativa del alcalde iquiqueño eran altas, por lo anuncios que haría el Mandatario.

El jefe comunal iquiqueño esperaba que Ricardo Lagos anunciara la apertura del Hito 60 como paso fronterizo con Bolivia, además apurar los trabajos de ampliación del puerto.

El locutor, Antonio Sabat, le pregunta al Presidente por los proyectos del alcalde Soria, quizás esperando una respuesta positiva a las peticiones formuladas en el almuerzo por  el alcalde de Iquique.

-¿Presidente-le pregunta Sabat al Presidente-, usted se reunió con el alcalde Soria este mediodía donde se habría resuelto la pronta apertura del Hito 60?

-Vamos a incorporar al Hito 60  en las políticas de la Cancillería– respondió Lagos y levantó su ceja derecha incómodo con la pregunta  y agregó-,  principalmente en la negociaciones bilaterales con Bolivia.

Lo del paso fronterizo pasó a segundo plano, cuando el Presidente llegó tema del puerto, donde aseguró que su gobierno trabajaba para potenciar en forma armónica todos los puertos de Chile.

Soria se levantó del sillón y gritó a sus asesores “¡Eso no es lo que conversamos!”

-¡Me mintieron de nuevo! Lagos es enemigo de Iquique, a la hora de almuerzo me dice una cosa y luego en la tele habla lo contrario.

Sus asesores miran en silenció el enojo del alcalde.

“Esta huevá no va a quedar así”, le comenta a su chófer y le pide que le alcance su chaqueta. Soria enfila sus pasos al Hotel Terrado ubicado a escasos cien metros de su casa. Allí se aloja el Presidente Lagos con su comitiva.

Durante el trayecto el alcalde sigue repitiendo que Lagos le mintió. Ingresa al lobby del hotel, mientras la guardia presidencial lo  mira sin sospechar de lo que venía.  Soria llega al comedor donde esta Ricardo Lagos y le grita: “¡Ricardo me mentiste!”.

-Más respeto usted se está dirigiendo al Presidente de la Republica– respondió  Lagos elevando la voz al final de sus palabras.

En ese momento se acerca el jefe de gabinete del presidente Carlos Rubio, que trata de frenar el ingreso de Soria al salón. Soria sigue enrostrando al Presidente que en la entrevista del canal municipal se contradecía a lo conversado en el almuerzo.

-Retírese, yo soy el Presidente, yo soy quién decide qué hago y que no hago-respondió  enojado Ricardo Lagos.

-“¡Y yo soy el Presidente de Iquique!”, le gritó Soria mientras era empujado fuera del salón por el jefe de gabinete del presidente.

Entre forcejeos y gritos Soria se alejó del lugar, además desde ese día  también de la endeble amistad que tenía con Ricardo Lagos.  Y el presidente se la cobró varias veces al alcalde iquiqueño, en una reunión del Comité de Defesa de Iquique, no le fue permitido ingresar a La Moneda.

En la inauguración de las casas del proyecto Palafitos, Lagos volvió a repasar al  alcalde respondiendo a las críticas que había hecho Soria a través de la prensa: “He hecho más por Iquique que aquellos que viven todo el día cacareando lo que hacen en Iquique”.

El suceso llegó a la prensa con diferentes versiones. La Presidencia bajó el perfil al incidente a través  de un comunicado que negó la pelea e indicando que al final del encuentro, el jefe de gabinete y el alcalde Soria se habían tomado un té, donde se le había hecho ver al jefe comunal que no era la forma de manifestar al Presidente su molestia.