La mañana de ese día 23 de mayo amaneció soleada, luego de varios días nublados. El brillo de la luz solar fue como un adelanto de la ceremonia, esperada y anunciada los cuatro vientos.

José Cancino Núñez
1.800  líneas telefónicas había en Iquique de 1970, con 64 mil habitantes, según el censo de abril de ese año. Un diario, “El Tarapacá” y dos radios, “Patricio Lynch” y “Esmeralda”. No había más de 300 televisores en la pequeña ciudad. Esos aparatos sólo podían recibir una mala señal, con una imagen difusa de la transmisión de Televisión Nacional de Antofagasta. El aeropuerto Cavancha en medio de la ciudad, recibía cuatros vuelos diarios en la Línea Aérea Nacional, y unos pocos pasajeros con destinos a la capital o la ciudad de Arica.

Don Arturo Chía Cáceres arregló su corbata, pasó  la mano  derecha por su frente. Estaba nervioso, su sueño se cumpliría, sin embargo se terminarían las largas luchas y discusiones para que Iquique pudiera contar con una repetidora del canal de televisión estatal. Revisó varios papeles con las manos un poco temblorosas.

La ceremonia de entrega de la antena en el cerro Tarapacá  con la señal de la televisión que los pocos ciudadanos podrían ver, estaba por cumplirse. El salón de actos de la vieja municipalidad en Vivar, frente a la Plaza Condell fue decorada para la ocasión. El alcalde subrogante Carlos Díaz Leyton, diría las palabras de agradecimiento a nombre del  municipio. Jorge Soria, alcalde titular,  se encontraba en el extranjero en otras luchas, sin tomar en consideración que años después la TV sería su trinchera.

 

Precios

tele
Se crearon cooperativas que compraban televisores y los entregaban a sus socios, uno por mes.

 

El precio de los aparatos no era accesible a los sectores bajos y medios de la ciudad. Se crearon cooperativas que compraban televisores y los entregaban a sus socios, uno por mes. La única alternativa era instalar un largo tubo de acero con una parrilla en la parte superior,  para recibir la transmisión del canal 3 de Antofagasta.

Los iquiqueños de todo los sectores sociales se unieron en el Club de Televidentes, cuya principal misión era gestionar ante las autoridades del gobierno de Eduardo Frei Montalva la llegada de la “tele” a la Tierra de Campeones.

Dos largos años pasaron muy lentamente para los esforzados socios del Club, dirigido por don Arturo Chía.

Por eso ese 23 de mayo era muy importante para el líder local, que quería  una ciudad conectada a la modernidad, “al gran medio de comunicación de masa”.

Los empleados municipales probaron los micrófonos con ese cantadito un, dos tres, varias veces.

En otra oficina impecables hombres de blanco preparaban el cóctel para la ocasión.

El gerente de  regiones de  Televisión Nacional, Bartolomé Zerega ,  trajo un equipo de prensa de Santiago y el camarógrafo, que tomaba las imágenes de ese momento, fue la estrella de la jornada. Todo listo, todo dispuesto.

 

Café

Un año antes el senador demócrata cristiano Juan de Dios Carmona en el bullicioso café del Congreso conversaba con varios parlamentarios sobre el proyecto del presidente Frei, de crear un canal estatal, siguiendo un estilo similar a la BBC de Londres. La idea del mandatario era muy aventurada por sus costos, pero importante como medio propagandístico.

Chile se debatía en una medieval normativa de televisión entregada solo a las universidades y al estado. Pero el estado aún no utilizaba ese medio, que ya a la iglesia católica le daba ciertos dividendos con el canal 8 (Hoy 13).

La idea innovadora llenó de entusiasmo a los parlamentarios falangistas y entregaron todo su apoyo.

El trabajo había empezado en 1965 con la creación de la red troncal de la  estatal Empresa Nacional de Telecomunicaciones, ENTEL dependiente de CORFO.

El trabajó era simple, se unió por una red  de antenas interconectadas que partía en Arica y terminaba en Puerto Montt. Por ese  sistema se podían enviar varias señales de televisión y de telefonía.

En 1968, Chile está conectado y la televisión estatal debe comenzar. El senador Carmona sigue paso a paso el avance. El presidente Frei Montalva quiere crear estaciones en los extremos del país, Arica y Punta Arenas, luego Concepción y Antofagasta.

Las grandes ciudades como La Serena, Iquique, Chillán San Fernando se unirían en 1970 a la red, para llegar a todo el país en 1972. El 80 por ciento del territorio nacional cubierto en cinco años. Información privilegiada para los parlamentarios demócratas cristianos.

 

Canal 3

 

Con la llegada de la televisión a Antofagasta, los iquiqueños nuevamente se sintieron desplazados. Arica y su puerto libre, era la envidia de las autoridades, pero la puerta de entrada para los costosos aparatos Geloso, Silvania o Philco.

El clamor de un canal para Iquique fue plasmado en las páginas de El Tarapacá. Todos opinaron y al final se creó el Club de los Televidentes, encabezado por Arturo Chìa.

Las acaloradas reuniones iniciales del singular club fueron cambiando en los meses venideros.

Don Arturo se reunió con el senador Carmona para solicitar su apoyo para la pronta llegada a Iquique de la “tele”.

El parlamentario levantó una de sus cejas como no entendiendo el tema, pero se comprometió a utilizar toda su fuerza política para que los iquiqueño tuvieran lo más pronto posible las emisiones del canal estatal.

Fueron largos meses de viajes reuniones, pero Chía no descansaba. Promesas y proyectos. El Alcalde Soria también opinó, pero no le dio mucha bola al tema.

El Tarapacá fue la pizarra de la necesidad urgente de tener un canal o repetidora propia. Juntar dinero, reunir gente, todo era viable para el club.

Por eso el nerviosismo del presidente Chía aquella mañana de Mayo de 1970.

 

Jefe militar

 

El intendente Eduardo Zamudio inició la ceremonia, entregando a nombre del gobierno la repetidora, ya instalada en el cerro  Tarapacá a los iquiqueños, con la promesa de que sus emisiones en 1971 se vieran en todos los poblados del interior.

Al final de las palabras de Zamudio las autoridades asistentes, entre ellos el jefe de la Sexta División de Ejercito, general Augusto Pinochet, el diputado Humberto Palza y el senador Juan de Dios Carmona, aplaudieron las melosas palabras del intendente.

Le tocó el turno al alcalde subrogante Carlos Días Leyton, quien valoró el esfuerzo del gobierno.

Chía presumiendo que era su último discurso como presidente de un club, con fecha de  vencimiento, agradeció a todos, y en especial al senador por sus gestiones frente a la autoridad para que Iquique tuviera su propia repetidora.

Al día siguiente en la Hostería Cavancha se volvieron a reunir las autoridades en un almuerzo de agradecimiento por la conquista, era el comienzo del fin de la agrupación tal especial.

Desde ese 23 de mayo han pasado 46 años, y la historia nos recuerda a los protagonistas y la utilización de información privilegiada para un uso político, es algo que a veces la historia oficial pretende borrar.