JOSE CANCINO NUÑEZ


El canciller argentino pasó suavemente su mano derecha por la solapa de su traje italiano, mientras de reojo mira sus zapatos, comprados en la exclusiva tienda porteña Tascani, si están limpios y brillantes.

Sentado a su lado, el canciller chileno con su dedo índice acomoda sus anteojos. Mira a lo lejos y ve el cerro árido que erige al este de la ciudad.

El pitazo de la locomotora saca rápidamente de sus divagaciones a los ministros, presentes en la llegada del tren Bioceánico al puerto de Iquique.

La pesada máquina arrastra varios vagones coloridos que rompen la monotonía del paisaje. Los rieles apenas resisten el peso del tren y reclaman a su manera, con un sonido metálico.

El Tren Bioceánico o de la Confraternidad ha recorrido vías férreas desde el puerto brasileño de Santos, en la costa Atlántica para llegar luego de largos 36 días al puerto chileno en el Pacifico.

Autoridades, público, periodistas y camarógrafos viven intensamente ese momento con la esperanza que, por fin el tren retome su lugar en el sistema de transporte de la región. Los alumnos de la Escuela “España” dan la bienvenida al Tren Bioceánico con un número artístico, que muestra el folclore de la región.

El canciller argentino Guido di Tela y su par chileno, Enrique Silva Cimma están presentes en este mágico momento para dar fe del compromiso de sus gobiernos, del interés que existe para recuperar el ferrocarril.

MENEM Y LOS TRENES

Pero la historia del Tren Bioceánico se inició meses antes en la oficina del gobernador de la Provincia de Tucumán, Ramón Bautista Ortega, Palito Ortega, cantante y compositor argentino conocido mundialmente por sus canciones “La felicidad” y “Tengo el corazón contento”.

En 1993, el gobierno de Carlos Menem decide terminar con los servicios de pasajeros de Ferrocarriles Argentinos, y los entrega a cada provincia argentina. Con esto cada gobernador, como es Palito Ortega, de la noche a la mañana se hacen cargo de una gran infraestructura que contempla estaciones, vías, carros, coches y locomotoras. La idea del presidente peronista, del mismo color político de Ortega, es que cada gobierno local, de acuerdo a sus necesidades mantenga y financie los trenes.

Por otro carril va la privatización de los servicios ferroviarios de cargas, que si son rentables y se otorgan a diferentes empresas por diez años, renovables por diez más.

Con esta política, no todas las provincias argentinas mantienen la pesada carga de subsidios a los trenes de pasajeros, así desaparecen los trenes en La Rioja, Mendoza, San Juan y otras provincias del norte se quedan sin ferrocarriles. En Salta desaparece el legendario el tren de La Quiaca, que cruza por la zona de Huamaca. En Jujuy, el terraplén del tren, en algunos sectores es utilizado para una nueva autopistas. Y las zonas que no ocupó el camino se los lleva el agua del río Grande.

Ortega decide recuperar y habilitar las líneas férreas interregionales. Es aquí donde surge el Tren de la Confraternidad, para unir a los océanos Atlántico y Pacifico a través de una trocha única, como es la que existe en la zona de 1.000 centímetros, más conocida como métrica, para unir 4 mil kilómetros entre el puerto brasileño de Santos con el puerto iquiqueño, en las costas del Pacífico.

 

Sin embargo, la idea no es establecer por allí un tren de pasajeros, sino simplemente promover la carga, que como decíamos, es lo más rentable para un ferrocarril.

 

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Han pasado veintisiete largos años de la llegada del Tren Bioceánico que alumbró una pequeña luz de esperanza de revivir nuestros ferrocarriles, pero… las palabras se las lleva el viento.

PROMESAS SON PROMESAS

Chile en los noventas vivía de promesa de recuperación del ferrocarril. El gobierno de Patricio Aylwin inyecta recursos a la empresa de Ferrocarriles del Estado, pero no se nota. El cierre de servicios de pasajeros y la privatización de los sistemas de carga ferroviarias se realizan a la velocidad de un rayo, que no alcanza a tocar a la opinión pública.

Una de las medidas es mantener la división que había hecho el régimen militara a la empresa ferroviaria. Esto significa que en el norte chileno funcionan Ferronor y su vía desde La Calera a Iquique. En Arica, EFE administra la zona chilena del Ferrocarril Arica La Paz. Pero hay poco interés en habilitar los servicios, la empresa se convierte en una oficina de empleos para distinguidos partidarios de la Concertación.

En Bolivia por donde pasa el Tren Bioceánico, el panorama no es diferente. El Gobierno de Jaime  Paz Zamora, con mucha dificultad subvenciona  los servicios ferroviarios de su nación. Existen dos sistemas conocidos como el Occidental o “Andino”, que parte de La Paz, Pasando por Oruro, Uyuni, Tupiza y la frontera con Argentina en Villazón. También hay ramales muy importantes como es de Oruro a Cochabamba, y de Puerto Mulatos a Potosí y Sucre.

El Oriental, un poco más avanzado tiene su centro en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y posee servicios a Villamontes y Yacuiba, en la frontera con Argentina. También el “Oriental” va Quijarro en la frontera con Brasil.

PALABRAS DE LA DIPLOMACIA

El Tren Bioceánico o  de la Confraternidad inicia su viaje el 16 de abril de 1993 en Iquique. Visita las ciudades de Antofagasta, para continuar su viaje a Socompa en la frontera chileno argentina. Llega a las provincias de Salta y Jujuy. En la ciudad de Pocitos cruza a Bolivia, para ir a Santa Cruz de la Sierra y posteriormente llegar a Sao Paulo y finalmente al puerto de Santos. El regreso del tren hacia la costa del Pacífico es el miércoles 12 de mayo de 1993.

En el puerto iquiqueño esperan los cancilleres de Chile y Argentina, además del senador Humberto Palza, el intendente Marco Antonio Castro y el gobernador de Tucumán Ramón Bautista Ortega, que ha llegado el ostentoso avión presidencial de Carlos Menen “Tango II”.

La llegada de Tren Bioceánico al recinto portuario se inicia con un pequeño accidente,  que descarrila a dos vagones argentinos en la zona de Zofri. El gerente de Ferronor, Ricardo González explica a los medios aquella mañana de mayo de 1993, que “los carros trasandinos tipo Pullman, son más largos que los vagones chilenos, y debido a una curva muy cerrada se desmontó un boggie”.

Pero el Bioceánico ingresa igual por las viejas vías a la ceremonia, frente al edificio de la administración del puerto, a cargo de Emporchi.  En los bordes de la locomotora vienen algunas autoridades y camarógrafos, mientras otros animosos dirigentes hacen flamear banderas chilenas, argentinas y de otros países que visitó el tren.

El entusiasmo al ruido de “pitar” de la locomotora diesel es único, que se confunde con la sonrisa de las autoridades y el público que saluda con sus manos.Los políticos, entusiastas brindan entrevistas a la prensa llenos de emoción por el momento vivido.

“Más allá de las palabras hemos entrado en los hechos. Estamos logrando una identidad para mostrarnos al mundo con todas nuestras potencialidades”, dijo Palito Ortega.

Mientras el canciller chileno Enrique Silva Cimma no escatima buscar palabras para la emoción y resumen el momento  como: “En América Latina somos realmente hermanos, no para que nos entusiasmen  con frases de retórica, sino porque somos hermanos de tantos años de miseria”.

Di Tela, un poco más frío y pragmático afirmó que cuando conoció el proyecto de Tren Bioceánico lo consideró “Extraño”, pero igual lanza su frasecita para la historia sobre este día. “Esto tiene un importancia geopolítica extraordinaria para Brasil, Argentina, Bolivia y Chile de acuerdo a sus proyectos comunes”.

El dueño de casa, Marco Antonio Castro, intendente de Tarapacá considera  como “histórico para Iquique” la vinculación lograda con el ferrocarril.

El fallecido senador Humberto Palza dice que “la llegada del Tren Bioceánico fue la mejor demostración que se puede avanzar en materia de integración”.

Al pasar las horas las emociones y los afectos se diluyen en almuerzos y ruedas de negocios, de los cientos de empresarios extranjeros que han llegado junto a palito Ortega, en el Tango II.

Por la tarde, los empleados municipales de Aseo y Ornato, limpian la zona y retiran los desperdicios de los asistentes a la magna ceremonia.

Han pasado veintisiete  largos años de la llegada del Tren Bioceánico que alumbró una pequeña luz de esperanza de revivir  nuestros ferrocarriles, pero… las palabras se las lleva el viento.