Las gotitas que le lanzamos al tecito en la mañana, ese brebaje que acompañados con unas tostaditas con mantequillas, podrían no ser lo mejor y originarían que tengamos más hambre  y que no podamos dormir.

Un estudio  publicado este martes en la revista científica Metabolismo de las Células (Cell Metabolism), muestra que el consumo de sucralosa, el principal ingrediente de los endulzantes que ocupamos hoy,  “puede engañar al cerebro con el sabor pero no satisface el hambre, lo cual crea un desequilibrio neuronal”.

Según los investigadores, esto ocurre por un sistema del cerebro que detecta la dulzura de la comida y la relaciona con las calorías que esta tiene.

Según los científicos, cuando hay mucho sabor dulce pero menos calorías que las que contiene el azúcar convencional (menos energía para quemar), el cerebro se da cuenta de que hay algo que algo no anda bien  y le manda señales al cuerpo para que coma más y así pueda obtener esa energía de alguna manera.

El informe, replicado por los medios internacionales, cuenta que los  científicos alimentaron a moscas con una dieta rica en sucralosa durante un periodo prolongado de más de cinco días. Después de este tiempo volvieron a dar comida normal a las moscas y notaron que consumían un 30% más de las calorías que normalmente hubiesen comido si no hubieran estado tomando sucralosa.

“Después de ingerir una dieta que contenía el edulcorante artificial, vimos que las moscas empezaron a comer mucho más. A través de esta investigación, encontramos que en los lugares donde produce el sentimiento de recompensa en el cerebro, la dulce sensación está integrada con el contenido de energía”,  indica el informe.

Cómo día Bombo Fica, sospechosa la cosa, si hasta hace un tiempo los endulzante eran mejor que el azúcar.