Las mujeres no son como tú. No se excitan al verte desnudo, lo sentimos. A las féminas hay que ganárselas de otra forma, como regalándoles el oído. Si quieres que tu mina (o la del vecino) caiga rendida a tus pies solo tienes que hacer que se sienta deseada. Que vea que te pone califa, para entendernos.

 

Amigos, estás muy equivocado. Si tu pareja  no quiere hacerlo contigo todos los días es porque lo estás haciendo mal, fatal. No es que no le gusten tus regalos, ni que esté en plena menopausia ni estresada… Simplemente es que no la haces sentir deseada. ¿Clarito?

 

A esta conclusión ha llegado el neurocientífico Ogi Ogas, quien en conversación con ‘Men’s Health’ ha explicado este hallazgo que cambiará el transcurso de la humanidad: «A las mujeres les encanta sentirse deseadas. Esta sensación, de hecho, suele ser el centro de sus fantasías sexuales. Si ella experimenta esto, su excitación será inmediata».

 

Trucos para hacer sentir deseada a tu mina

 

Te damos unas cuantas pistas para que hagas sentir deseada a tu chica y, por consiguiente, hagas que tenga que cambiarse de ropa interior.

  • Besos sorpresa: cuando se cierre de repente el ascensor, cuando estéis haciendo la compra, en medio de la calle como quinceañeros… Pero no seas pesado, que nos conocemos.
  • Mírala con una media sonrisa: como si la estuvieras desnudando con los ojos, ese es el truco. Mírala cuando se levante de repente, cuando se quite el abrigo o cuando se atuse el pelo. Si te devuelve la mirada, un consejo: ladea la cabeza mientras mantienes el contacto visual y sonríes de forma pícara.
  • Tócala: unos cachetitos por aquí, un agarre de cintura apasionado por allá y unas caricias en el cuello serán suficientes.

Piropéala: cuando lleve ese buzo apretaditos o esa blusa tan sugerente no te cortes, dile lo buena que está, lo bien que le queda esa ropa y lo mucho que te está poniendo con solo mirarla.

 

  • Es la más guapa: las mujeres son muy de alabar el físico de otras féminas. Si lo hace delante tuya estará esperando a que tú te sumes a la conversación y también digas qué te parece esa rubia melones de melones grandes que pasea delante de vosotros.
  • Envíala mensajitos: pero no de amor, no seas cargante. Un ejemplo: «Cariño, estoy preocupado, hoy has ido demasiado guapa a la oficina con ese vestido tan ajustado. Mmmm… Ya verás cuando llegues a casa».

(…)

Podríamos seguir, pero tampoco vamos a hacerte todo la pega. Solo te decimos que si consigues que ella se sienta deseada te perseguirá por toda la casa buscándote como una loca… para hacer arroz.

 

Fuente: El Confidencial/AV