Museo de la Vivencia del Norte Grande celebra su primer año de atención.

Un año ha transcurrido desde la inauguración del “Museo de la Vivencia del Norte Grande” en la localidad de La Tirana, recinto que cobija la historia y la riqueza patrimonial de la principal fiesta religiosa del norte grande.

En 12 meses cerca de diez mil personas han visitado el lugar, conociendo su riqueza histórica patrimonial, la que guarda las raíces más profundas y ancestrales de los bailes religiosos que danzan a la Virgen del Carmen.
Para celebrar el primer aniversario se llevó a cabo una ceremonia que comenzó con un recorrido por el recinto y la presentación de la obra “Una Princesa Indiana”, posterior a ello los asistentes se trasladaron hasta la sede del Baile Chino en donde la directora del Equipo de Gestión, Karla Aguilera, entregó la cuenta pública.

La actividad contó con la presencia del Obispo Guillermo Vera, acompañado de Irma Vera, presidenta de Centro Cultural y Social “Ayuda a la Iglesia Santuario del Carmen de La Tirana” e integrantes del equipo de gestión, en la presentación se expuso sobre el trabajo que ha realizado el museo durante su primer año de funcionamiento, destacando las diferentes acciones que han permitido implementar y fortalecer los objetivos planteados en misión de “contribuir a fortalecer la identidad religiosa del hombre y la mujer del Norte Grande de Chile, actuando como un foco que permita la generación en la comunidad de la autoconciencia de su identidad, con el fin de valorar, conservar, proteger, desarrollar y transmitir su patrimonio en vinculación armónica a la tradición”.
Karla Aguilera señaló que las acciones desarrolladas corresponden a visitas guiadas de grupos, apoyo con actividades educativas, además de actividades de difusión propios como a través de diversos medios de prensa regionales y nacionales, destacando además la línea de proyectos con iniciativas públicas y privadas, que van en apoyo de la misión del museo.

Mención especial tuvo la primera publicación, “Ñusta Huillac”, con el relato fundante del santuario del Carmen de La Tirana, que requirió un detallado trabajo investigativo.
“Incentivando además a enfrentar con energía los desafíos que se proyectan sobre estas bases, de hoy en más, siguiendo las líneas de acción de trabajo del Equipo de Gestión, el cual es desarrollado junto a sus colaboradores, la comunidad y visitantes”.
La celebración contempló también la entrega de reconocimientos a las Talladoras de la Comunidad, Pertenecientes al Centro de Madres Santa Teresa de Los Andes y colaboradores del Museo, por el apoyo a mantener vigente la iniciativa.
MUSEO
Ubicado en un subterráneo, más bien, debajo del ala este del propio Santuario de La Tirana, se encuentra el espacio creado y habilitado por la comunidad del poblado, que además es administrado por voluntarios, los mismos que hacen turno para recibir y guiar a los visitantes, explicándoles detalles de las piezas y de su importancia histórica.
Se trata de 342 metros cuadrados de edificación, que exhibe cerca de 200 piezas distribuidas en tres áreas y que tiene entre sus objetivos el contribuir desde su rol social al reconocimiento de la legitimidad de la expresión religiosa de carácter popular del pueblo nortino.

Para su construcción y habilitación, la agrupación contó con la colaboración de Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi, la que a través de la Ley de Donaciones Culturales, colaboró para la materialización de la iniciativa que demoró tres años en concretarse.
El lugar está conformado por vitrinas, maniquíes con 23 trajes de bailes religiosos y diversas piezas que dan testimonio del patrimonio, todo ello acompañado con una música compuesta para el museo. Además contiene dos elementos de apoyo que son una guía escrita del recorrido y un sistema de audio-guía, tanto en español como en inglés, apoyados con la exhibición de videos. Está conformada por tres áreas en las que se exhibe las piezas, las que representan solo el 8 por ciento del patrimonio que protege el museo, lo que indica la riqueza cultural que tiene el lugar.

Son diversas las piezas que conforman el museo, entre ellas se encuentra trajes de , período en el que no existían agrupaciones religiosas como las vigentes.
El desafío principal para el museo es el acercar a la mayor cantidad posible al museo, pues a través de ellos se logra difundir el patrimonio religioso del norte grande, tras pasando las fronteras no solo geográficas sino del tiempo.