Por PEPE BOTELLA

La caña, esa amiga fea del copete que nos hace replantearnos todo, a veces nos obliga también a prometer cosas. “No tomo más” debe ser la frase más común que llega a nuestras cabezas cuando el carrete del día anterior estuvo muy bueno y se nos pasó la mano con el trago.
Pero para qué estamos con cuentos: nadie cumple esa promesa chanta de no volver a chupar, así como tampoco aprendemos lecciones tan importantes como “no mezclar copete” o “no tomar vasos al seco”. Sabemos que no debemos volver a hacerlo, pero al olvidar cómo fue la caña… le damos otra oportunidad a todo. Y sí, nunca es buena idea.

1) No tomo más: también conocido como “me voy a chantar”, debe ser la promesa más mula de todas. 24 horas después de la caña, por muy mala que sea, nos vuelve a dar sed.
2) Nunca mas mezclo copetes: todos sabemos que no se deben mezclar copetes, porque la caña es asquerosa al día siguiente. Esta promesa suele durar un poco más que las otras, porque es más fácil cumplirla. Pero… basta que se acabe el trago que compraste para que la sed te obligue a pechar de otro tipo de licor. Uno es débil (y curao).

3) Nunca más tomo vasos al seco: uno se cura más rápido y suele hacer el ridículo con esas competencias, por lo que al día siguiente prometes no volver a hacerlo. Al siguiente carrete, sin embargo, te retan a un “duelo” de vasos al seco y no puedes negarte.
africano

4) Nunca más hago africanos: muy parecido al “no tomo más vasos al seco”. Sólo se requiere que alguien diga “¿En serio puedes hacer un africano?” o “No creo que puedas hacer un africano” para que te veas “obligado” a hacerlo.

5) Nunca más tomo tequila: la resaca de este trago mexicano es terrible y nos hace, cada cierto tiempo, odiarlo. Sin embargo, basta que el carrete esté prendido y que alguien diga “vamos por una ronda de shots” para volver a creernos mariachis buenos para el tequila.
6) Nunca más tomo dos días seguidos: ya estamos más viejos y las cañas cada vez son más letales. Por eso tratamos de establecer que jamás se juntarán dos días seguidos de juerga para darle descanso al cuerpo. ¿Alguien dijo 18 de septiembre o finde largo? Adiós promesa.

7) Nunca más tomo Capel: esto se suele prometer con la primera caña mala y va acompañado por un aumento de poder adquisitivo. Empezamos a trabajar y tenemos más lucas, por lo que nos aseguramos que nunca más tomaremos pisco barato. ¿Se cumple? Obvio que no.

8) Nunca más bailo curao: se suele prometer cuando, al día siguiente, vemos un video, foto o comentario de alguien que detalla el papelón en la pista de baile. Ojalá no se volviera a repetir, pero es imposible: el copete nos pone felices y qué mejor que mover el esqueleto para celebrarlo.

9) Nunca más tomo en la semana: claro, ya somos responsables y al día siguiente hay que trabajar o estudiar temprano. Sólo basta ver que tus compañeros de universidad o pega son igual de curaos que tú para aceptar un (o dos, o tres) traguito para “acortar” la semana (excusa barata, pero hermosa) para empinar el codo.

10) Nunca más la (lo) llamo: el copete nos pone amorosos (calientes) y desinhibidos (no nos importa nada). Por eso, ya en la sexta piscola o quinto shop, los dedos se mueven solos y llaman a esa persona que sabes que es pésima idea contactar, pero también sabes que hay un mínimo chance de que de la pasada. ¿Funciona? En un 1% de los casos, sí. El otro 99% de los casos es un papelón, pero… la fe es lo último que se pierde, así que se vuelve a llamar.

chelas

Rayuela Corta