dia-del-pan
July Hess, nutricionista de Clínica Bicentenario.

Por July Hess, nutricionista de Clínica Bicentenario

Desde hace más de diez años que cada 16 de octubre se celebra el día mundial del pan. Un pequeño reconocimiento a este alimento básico de gran utilización y consumo a nivel global y que forma parte de la alimentación del hombre desde épocas remotas.
Lamentablemente, en la actualidad, el pan no goza del valor que realmente tiene. No es raro escuchar en conversaciones diarias que el pan “es malo” y que “no sirve para nada”. Esas acotaciones, lejos de ser verdad, son sólo mitos. Es más, podemos afirmar con certeza que el pan es un buen alimento, que integra parte importante de la nutrición de un sector de la población y que no es necesario eliminarlo de la dieta en la medida que se ingiere en la cantidad correcta. Su desprestigio pasa porque la gente lo consume en abundancia y en reemplazo de las comidas importantes, por lo que genera un exceso de ingesta de calorías, lo que a la larga lleva a subir de peso.
Los indicadores para Chile son claros: los chilenos consumen un promedio de 96 kilos de pan al año, lo que nos sitúa en el segundo lugar a nivel mundial. En ese sentido, uno de los principales desafíos es educar en su consumo. La recomendación para mujeres y hombres en peso saludable es ingerir, respectivamente, uno y dos panes al día.
En nuestro país somos afortunados, ya que este alimento es de excelente calidad: proporciona hidratos de carbono, proteínas, minerales y vitaminas, además del ácido fólico que desde el año 2000 el pan tiene por ley.

Adicionalmente, el ministerio de Salud reafirmó en agosto su estrategia de reducción de sodio en el pan, que busca disminuir gradualmente de los 800 miligramos de sal que contiene la “marraqueta” por 100 gramos de pan, a 400 miligramos de sodio.
Medidas como ésta apuntan a disminuir la tasa de mortalidad a causa de la hipertensión arterial y ha implicado la colaboración de los productores de pan para reducir progresivamente el contenido de sodio. Por otra parte, hemos visto esfuerzos por incorporar panes especiales dirigidos a grupos en particular, como los celiacos, quienes cuentan con alternativas de panes libres de gluten.
Con esta voluntad presente, los principales desafíos se centran en reforzar la educación sobre el correcto consumo de pan, promover aún más la incorporación de fibras a la dieta a través de la ingesta de panes integrales y mejorar los acompañamientos que solemos agregar a este alimento, privilegiando –en la medida de lo posible- productos como quesillos y palta, en vez de mantequillas y otros productos grasos.
El pan es nuestro amigo, contiene aporte nutricional y si lo consumimos en su justa medida, no lo tenemos por qué marginar.