Hace días que los iquiqueños estamos percibiendo malos olores originados por la industria pesquera de Iquique Glorioso. Acá no se trata de atacar a las empresas, que ofrecen fuentes de trabajo, aparte de depredar el mar, sino simplemente que cumplan con las normas ambientales y terminen con la contaminación.

Es verdad que nuestros viejos, los iquiqueños más antiguos justificaban las emanaciones con la frase “olor a dólares”, claro recursos para la empresa y un poco para sus trabajadores. Nadie pide que se acabe la industria, por ahora, pero las autoridades deben ser la firmes y eficaces en hacer cumplir la normativa, que quizás es débil.

No queremos pensar que las empresas, esas mismas que pauteaban a los parlamentarios de la región como legislar con la Ley de Pesca, se sientan con el derecho hacer lo que quieran. Mientras tantos los iquiqueños y iquiqueñas estamos respirando el vaho dañino de Las Pesqueras.

Se cacarea que las instituciones funcionan, y es aquí donde deben hacerlo con toda la fuerza de la normativa que entrega herramientas para hacerla cumplir, pero el tema es recurrente y vemos una autoridad un poco timorata.