Por MANUEL MORALES

En estos días que estamos recordando lo ocurrido en nuestra región un 1 y 2 de abril de 2014. Quiero invitar a mis amigos y conocidos a leer lo que considero podría ser un aporte a nuestro conocimiento y así poder entender de mejor forma que los «desastres no son naturales».

Si bien lo hemos leído y escuchado en los medios radiales, en realidad lo correcto y mas acertado seria decir: «desastres de origen natural» .

Cuando nos referimos o comentamos algún suceso grave, que tiene su origen en algún evento natural, como podrían ser (precipitaciones intensas, granizadas, erupciones volcánicas, vientos fuertes, terremotos o aluviones; por nombrar algunos) no es correcto decir que «la Naturaleza se ensañó», «las furiosas aguas del río produjeron la inundación», » el granizo implacable destruyó viviendas y cultivos», lo que estamos presenciando es simplemente que la Naturaleza se esta manifestando.

Por el contrario, somos los seres humanos los que estamos ahí en medio del evento natural , con nuestras construcciones, nuestra infraestructura, nuestro continuo accionar, nuestra vida cotidiana; en resumen somos nosotros quienes no «prevemos y prevenimos» las consecuencias de estas posibles e inevitables manifestaciones naturales. Si, así lo hiciéramos podríamos reducir nuestras vulnerabilidades desde la mitigación de estas amenazas que son inevitables.

Por lo tanto, lo que nos queda como sociedad o sistema es que nuestras autoridades competentes en el área, cuando aborden de forma seria el tema, puedan hacerlo desde el diseño de escenarios sobre » qué nos puede pasar si……» , de modo que este análisis de nuestras realidades nos permitan planificar mejor el desarrollo de nuestras ciudades, tomando acciones de prevención (suprimir) y preparación (capacitaciones, simulacros), en forma sostenida.

Los experto nos han señalado que «Siempre será más barato y sensato «prevenir» que… reparar, reconstruir y rehabilitar», entonces de lo que se trata estimados amigos es de saber «convivir con el riesgo», minimizando toda consecuencia de estas «manifestaciones naturales».

Por lo tanto, lo que hemos tratado de decir, es que los desastres se construyen socialmente y es desde este espacio que los invito a reflexionar para construir de esta forma una ciudad realmente preparada que sepa convivir y enfrentar los fenómenos de la naturaleza, amparados en un desarrollo sostenible, sin tener que hipotecar el futuro de nuestras generaciones, es decir el futuro de nuestros hijos y nietos.