Por GONZALO VALLEJO

Dicen que cuando hay tristeza, dolor o pena, hay una inspiración instantánea. Hoy ha sido un día de recuerdo y recién ahora, en la quietud nocturnal, me he dado cuenta que la vida es sólo una soledad permanente. Me he enfrentado a ella desde que entendí lo que es libar el cáliz de la amargura. Me he pasado la vida soñando, solo, buscando un silencio que me acompañe a escribir. Mi entorno es sólo la desesperanza.
La noche está fría como la nieve sin huellas. Siempre me acompañan los fantasmas o mis demonios . Abro las cortinas y observo las estrellas florecidas en su máximo esplendor. Mi pesimismo aumenta y soy incapaz de entender lo que realmente significa ese universo kafkiano.
De repente sueño a Neruda. Aparece flotando como un alma huérfana. A veces veo su difuso rostro. Por un segundo pienso escribir como él. Aparece y desaparece. Creo que para escribir y vivir como Neruda hay que ser valiente. Me estremezco. No logro expresar mi imaginación. Tendría que habitar en un lugar desconocido y mágico, junto a Anais Nin y Frida Khalo, en un sitio donde los libros se acerquen a un territorio misterioso. Tendría que escribir historias de amor, dramáticas y sexuales, reales o irreales, otear misterios ya descubiertos. Escribir de la muerte. Escucho sus cansadas palabras otoñales y sonambúlicas. Me impulsa a la escritura. Pero, no llevo consigo su misterio insondable y atormentado. Sólo Neruda sabe mi verdad invisible. Comienzo la fría ruta dolorosa de palabras vedadas. Ya mi musa está en mi paraíso personal como una peregrina que camina sin rumbo hacia distancias abismantes y siderales. La visualizo casi desvanecida en mi mente atormentada.
Ella apareció misteriosamente llevando una túnica purificadora, como signo silencioso de un crepúsculo indescifrable. Escribo rodeado de extrañas y tristes fotografías, una de ellas es Neruda, que vigilan mi trabajo con implacable dureza. Quiero escribir con su pureza, quiero su racionalidad o quizás su irracionalidad , quiero jugar con las palabras y escribir como Neruda para amar el amor o emularlo como un vate panfletario o proselitista.. Quiero escribir con su vitalidad y melancolía. Estas horas de soledad implacable me conducen a situaciones ignotas donde los misterios de la mente y de la muerte hacen gala de toda su energía.
Ahora, despierto y evoco a Neruda exiliado en un paisaje hierático y viviendo en París, ese París con olor a siglos y amaneceres connubiales. Neruda, el bardo … ya irreal y absorbido por la desesperanza, el relativismo y el congrio estepario.