[John Lennon y Yoko Ono, en 1969, estuvieron en la cama por dos semanas llamando a la paz]

@analauraIqq

A mediados de los años noventa, cuando cumplí mí mayoría de edad me sentía una ciudadana más de mi país, votaría por primera vez. Sí, por primera vez, ya que había sido testigo de cómo mi familia iba a votar, creyéndose ese cuento de la ‘alegría’. En cada reunión, con mis amigas de esos años comentaba hasta el cansancio que iba a votar. Era diciembre de 1997, putas ahora que escribo me doy cuenta que han pasado veinte años.

La elección de ese año era solamente para elegir diputados yo tenía clarito por quién iba a votar, candidato que al final no ganó.

En esos tiempos la venta de copete era con cuática, porque el día antes de la elección se prohibía toda venta de tragos, chelas y todos eso que utilizamos para embriagarnos. Así que con un grupo de amigos de El Colorado, decidimos aperarnos antes y esperar el día de la elección en la casa del “Chalo”.

Todos eramos unos pendejos, ni tanto, pero con algo experiencia en carretes. Fumanos pitos, tomamos cerveza y en la madrugada, día de elección apareció una botella de Vodka, luego un caja de vino, era algo misterioso, como si el mago del copete nos diera cada vez más para beber.

Contenta dije mi discurso, borracha como copi, que era mi primera vez que “ejercía mi derecho republicano a votar”. No faltó la huevona aguafiestas que me dijo que los milicos en los locales de votación no te dejaban entrar con olor a copete, que en algunos casos te mandaban presa.

La mandé a la chucha de una, pero al final como buenas para la pipeta, nos dijimos sin pronunciar las eses: “somo o no somo amiga”. Todos teníamos bastante copete en el cuerpo, de repente el ‘Chalo’ llegó con un sartén y huevos revueltos, que se esfumaron a cucharazo limpio. En ese momento me di cuenta que el dueño de casa tenía un linda barba, un arito en una de sus oreja y que los bluyines le hacia ver su poto muy parado.

[quote]En esos tiempos la venta de copete era con cuática, porque el día antes de la elección se prohibía toda venta de tragos, chelas y todos eso que utilizamos para embriagarnos.[/quote]

Como siempre fui caliente, me dije a mi misma, ‘me lo voy a comer’, total un polvo antes de ir a votar a nadie le hace mal. Primero me esquivó, seguro porque andaba más curá que la cresta y un tufo a copete del horror, pero luego sentí sus labios calentitos en mi oreja diciendo que me quería. Qué me dijeron a mi, buscamos un lugar oscurito en la casa ¿adivinen? La habitación del ‘Chalo’.

No cacho de donde apareció más copete en esa pieza fantástica. Mi machito estaba entero de ebrio y para mi placer eso alargaba las cosas, mientras yo llegaba a las estrellas, él hacia esfuerzos por alcanzarme. Como al cuarto round, mentira, me acuerdo que fueron dos veces una a full y otra solo intento, me bajó el sueño.

Puta, pensé, está amaneciendo que duerma un ratito y me voy a la casa, me ducho , me compro pastillas de menta y me voy a votar. En eso llegó el Pocholo con una caja de vino tinto. “Querís” me dijo y miró al Chalo que dormía como toro en reposo tras el apareamiento.

El Pocholo era más entretenido que la cresta, nos bajamos la caja de vino, entre conversa y conversa. De pronto salió de la pieza y llego con una botella de pisco, las que secamos gota a gota. Risas, chistes y hasta llantos de tanta carcajada, de pronto nos quedamos dormidos.

Recuerdo que soñé con paradas militares, con los helados del Diana, con la chelas que tomaba en El Loquillo. De pronto despierto con el Chalo roncando a mi derecha y el Pocholo durmiendo en mi guata.  Asustada, cagada de miedo, busco mi reloj, miro la hora… «Conchemimadre” , grito, eran las seis y cuarto de la tarde del día de las elecciones.