por GONZALO VALLEJO LEGARRETA

Michelle Bachelet es en esencia una mujer virtuosa, pues posee la fuerza y calidad moral en el cumplimiento fiel de su labor presidencial. La virtud es un hábito, un gran hábito que hay que saber cultivarlo. Ella ha actuado con todo el bagaje ético y absoluta decencia en su trabajo ejecutivo, a pesar de todos los obstáculos y manipulaciones mediáticas que le impuso una oposición meretricia, banal y carente de ideas renovadoras.
Su humildad, sencillez y su carisma son evidentes y, en consecuencia, es auténtica en su proceder. Supo superar con lúcida inteligencia y con la mayor emoción el vil asesinato de su padre a manos de los esbirros de la dictadura ¡Qué dolor morir siendo traicionado por sus propios camaradas y por aquellos que decían ser sus amigos! ¡Bachelet sabe lo que es el dolor, dolor de hija dulce y herida, entiende a quienes sufrieron el horror de la tortura, pues ella misma la padeció simplemente por pensar diferente! ¡ Qué amarga es a veces la vida! Como Presidenta, elegida por una gran mayoría, merece todo nuestro afecto y respeto como mujer y como política. Nadie puede dudar de su integridad personal y de su solidaridad para con los más necesitados.
La gente sencilla, honesta y trabajadora tiene un alto concepto de ella como mandataria.
Su gobierno ha sido inequívocamente un gobierno de profundas transformaciones sociales donde la mujer está alcanzando todo el reconocimiento e igualdad de oportunidades laborales que, sin duda alguna, le corresponden como sujeto pensante e independiente. Su trabajo en el plano educacional, tributario, habitacional, de salud pública y civil es en realidad muy encomiable y digno de imitar por muchos países democráticos en vías de desarrollo.
Sólo con reformas políticas y económicas estructurales un país puede alcanzar un nivel de bienestar acorde a esta época imperante tan flagelada por un neo-liberalismo brutal y primitivo en lo ético. Ella jamás ha olvidado que su labor es para mejorar la calidad humana de una sociedad explotada y esforzada , víctima de esta economía de mercado.
Michelle Bachelet, como luchadora social, merece todos los honores humanos. Se ha destacado en el plano internacional por su labor a favor de las mujeres y en el servicio al medio ambiente. Ya pasó a la historia. Nadie lo podrá impedir, ni siquiera aquellos que denostan su humanidad y su heroica esperanza por un Chile trascendente. Los hechos y su trabajo la confirman como una de las mujeres más destacadas de la historia moderna.