Sin duda alguna el mundo actual es beligerante y represivo, mundo que lleva al hombre contemporáneo a un suplicio estéril, a una esclavitud económica y a una agresión social. Cada vez son más incomprensibles las contradicciones de los países latinoamericanos, cuya población vive sumergida en aguas borrascosas y prostibularias donde la libertad y la violencia están condicionadas a parámetros amorales y a intereses materiales.
Sin temor a equivocarme podemos darnos cuenta, con dolor e ira, cómo muchos partidos de izquierda han caído en esta oscuridad capitalista, en esta vorágine ríspida y escatológica en la cual el dinero ha sido el artífice de una sociedad carcomida por la apatía, la ignorancia política y la corrupción endémica. Han perdido lo esencial de la esencia política. El precariado, la nueva clase media al límite de la pobreza, mayoría mediocre e intrascendente, subsiste por obra y gracia de un trabajo mal remunerado donde la oligarquía explota sin temor alguno a los trabajadores, amparada por leyes laborales opacas. Esta nueva categoría sociológica simplemente es cómplice de un sistema irreal y hedonista, en el cual el consumismo mal entendido es la estructura básica de las ganancias desmedidas de quienes sin ética se han apoderado literalmente de las economías regionales. Los partidos de izquierda han caído, salvo un partido democrático y honesto que jamás ha claudicado en su consecuencia política, en un terrible marasmo que los ha llevado casi a la extinción ideológica y popular. Hay demasiada ignorancia cultural en los adalides políticos de este sector. No hay conceptos claros y trascendentes, lo que ha llevado inevitablemente a la desunión de las fuerzas progresistas y al triunfo de una derecha retrógrada, mediocre, mentirosa y mezquina avalada solamente por el poder del dinero y un dogmatismo amoral. La derecha no permite pactos ni componendas, pues sólo acepta siniestros acatamientos del pueblo pobre y explotado.
Somos el continente de la esperanza, la esperanza que encierra todos los himnos inclaudicables de la libertad, la libertad bella y primaveral del real pueblo izquierdista que necesita comprender, analizar y autocriticar los errores que se han cometido. La extraña izquierda burguesa debe ser desechada sin miramiento alguno, pues ha llevado a la izquierda real y verdadera a la atomización, a un desprestigio confuso y a una estulticia de color triste e invernal. La unidad de la izquierda buena y lúcida debe ser fundamental y trascendental como gritos incansables.

Ilustración de Fernando Krahn (1935-2010) Dibujante chileno.

3 Comentarios

  1. Siento que la beligerancia de una u otra forma es innata al individuo, pero el neo mercadeo «político» parasitario nos vende palabras como la última, resiliencia, que debe ser entendida como la capacidad de cada uno de nosotros para soportar, soportar, soportar y seguir soportando, y por ello somos buenos, fuertes y hasta héroes en algunos casos. Esta desnaturalización de las palabras y su significado, aparte de la apatía de leer y comprender, hacen que practicamente tengamos muchos ignorantes en política, en la ciencia politica. Que muchos la entienden como conocerle todos los trapitos sucios a los demás, para ser importante.
    La beligerancia antes, como arma de convencimiento político (por que el fulano o vecino es malo ya que no piensa o cree como tú) y ahora, la resiliencia que nos «fortalece» a pesar de no tener nada en el corazón y peor en la cabeza, para caminar derecho y dirigiendo a los pocos que se mantienen unidos en un pensamiento de izquierda, de avanzada o de igualdad social (porque los demás se buscaron un protector un fulano o sutano de gobierno que les de trabajo en el partido que se encuentre y poe el cual hizo campala), hacen que ciertas personas sigan siendo los eternos dirigentes, sin compromiso, sin opinión valedera y sin comprarse el pleito, solo a veces caminando tras una pancarta o bandera. Estos dirigentes de izquierda (muchos) que viven de buscarles trabajo a otros, cobrandcobrando cupos a ellos o familiares por una firma en el Comité o callar sus mañas, son los que sobreviven y siguen siendo izquierda, pero qué izquierda???, son gente arrimada, sin compromiso efectivo, mayormente donde ven dinero ah, y un componente real, mujeres, sí, mujeres. Esos que ahora manejan dinero, el aparente poder político de izquierda y tienen varias mujeres, son buenos compañeros, como dirían otros, excelentes compañeros.
    Y así, la izquierda jamás estará unida, porque la dirigencia enquistada, corrupta que lucha por mantenerse y seguir viviendo de los demás, no lo permitirá.
    Y luego, esa extraña izquierda burguesa son los que son y están en la palestra, no hay más, son los que vemos y reconocemos como dirigentes, salvo algunos que se pueden contar y son la vanguardia realmente con principios y comprometida con los cambios.
    Y creo finalmente que las «izquierdas» si realmente quieren hacer algo, deben juntarse deponiendo actitudes beligerantes y dando paso a la meritocracia bien entendida, pero…, lo harán, abandonarán sus rincones de confort para empezar de cero y conquistar el «lugar» donde estan ahora por medio de la meritocracia???
    No lo creo.
    Por ello, la izquierda solo seguirá siendo esperanza.

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