Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl /Académico, Escritor e Investigador (UACh)

Tal como señalé en la primera parte de este artículo, una vez que se gatilla la diabetes, ésta se convierte en una enfermedad con carácter de crónica e irreversible, y se manifiesta a través del incremento de los niveles de glucosa en la sangre (o hiperglicemia), un indicador de que algo no está bien en el organismo de una persona. Eso por una parte.

Por otro lado, las estadísticas para Chile no son muy alentadoras: si en el año 2006, el 6% de los chilenos tenía diabetes, en el 2010 esta cifra subió a 9,4%. En el año 2017, el porcentaje debe haber superado largamente el 10% de chilenos con diabetes.

Ahora bien, la hiperglicemia (también hiperglucemia) es el aumento del azúcar en la sangre, que con el transcurso del tiempo daña gravemente muchos órganos y sistemas del ser humano, especialmente nervios y vasos sanguíneos.

Los síntomas más representativos o característicos de la presencia de hiperglicemia son los siguientes: sufrir visión borrosa, tener fatiga crónica, experimentar un aumento de los niveles de sed y del apetito por sobre lo habitual, aumento del número de veces que la persona debe orinar (o poliuria).

Si un individuo presenta esta sintomatología, lo recomendable es que consulte con un médico, debido a que la diabetes es una enfermedad que hay que tomar muy en serio y con gran responsabilidad personal, principalmente, por las graves repercusiones que tiene en la salud de las personas, ya que una diabetes no tratada –o mal cuidada– puede conducir a la muerte del paciente, especialmente, si se trata de la Diabetes Tipo 1. Otra grave consecuencia es la pérdida de la visión y ceguera a causa de una retinopatía diabética o de un edema macular diabético, si no son diagnosticadas y tratadas a tiempo, con un impacto significativo en la calidad de vida de las personas.

Por otra parte, en el caso de las personas que tienen Diabetes Tipo 2, la hiperglicemia tarda un tiempo en manifestarse, a diferencia de aquellas personas con Diabetes Tipo 1, cuyos síntomas pueden aparecer de manera abrupta y sin previo aviso.

SÍNTOMAS GENERALES PARA LAS DIABETES TIPO 1 Y TIPO 2

El primer indicador de que se padece alguno de los tipos de diabetes más importantes y de mayor frecuencia –Diabetes Tipo 1, Diabetes Tipo 2 y Diabetes Gestacional–, es la hiperglicemia, pero existen otros factores que pueden confundir a una persona, haciéndole creer que desarrolló una diabetes, cuando en realidad, padece otra enfermedad, de ahí la necesidad de consultar con un médico especialista para efectos de prevenir o descartar la posibilidad de tener diabetes.

Los síntomas más comunes que indican la presencia de diabetes Tipo 1 y Tipo 2 son los siguientes: sed excesiva (polidipsia); hambre extrema y difícil de controlar (polifagia), al mismo tiempo que pérdida de peso inexplicable (que puede conducir a una complicación severa llamada cetoacidosis diabética); náuseas y vómitos; alteraciones visuales (visión borrosa y posibilidad de quedar ciego); irritabilidad y cambios repentinos en el estado de ánimo; cicatrización lenta de las heridas; infecciones frecuentes (en las vías urinarias, vejiga y/o piel a través de bacterias y virus a causa de un sistema inmune debilitado); hormigueo (sensación quemante) o pérdida de sensibilidad en manos y pies; mucho cansancio, fatiga o somnolencia. Hay que poner atención, que en el caso de los niños, los síntomas pueden asemejarse a los de la gripe.

SÍNTOMAS DE LA DIABETES GESTACIONAL (O “DIABETES DE LAS EMBARAZADAS”) Y SUS EFECTOS EN EL BEBÉ

Este tipo de diabetes afecta a las mujeres en gestación que nunca habían tenido diabetes, pero que sí muestran altos niveles de glucosa durante el embarazo. Este tipo de diabetes es uno de los más difíciles de detectar, porque los síntomas pueden estar “encubiertos” por el mismo proceso de embarazo a raíz de ciertas semejanzas que se producen entre ambas condiciones, pudiendo, en ocasiones, ser difícil de percibir con el fin de poder identificar y diagnosticar la diabetes gestacional del embarazo.

La diabetes gestacional se caracteriza por la presencia de hiperglicemia (o aumento de azúcar en la sangre) que aparece durante el embarazo y alcanza ciertos valores que, a pesar de ser superiores a los considerados normales, son inferiores a los establecidos para diagnosticar una diabetes propiamente tal.

Ahora bien, hay que tener presente, que las mujeres con diabetes gestacional corren un mayor riesgo de sufrir complicaciones durante el embarazo y el parto. Adicionalmente, estas mujeres presentan un mayor nivel de riesgo de padecer diabetes tipo 2 en el futuro. En estricto rigor, este tipo de diabetes suele diagnosticarse a través de pruebas prenatales, más que por los síntomas que refiera o describe la paciente.

Algunos de los síntomas asociados a la diabetes gestacional son: náuseas y vómitos, fatiga crónica, infecciones frecuentes (de vejiga, vagina y piel), aumento de la sed, incremento de la micción, pérdida de peso a pesar del aumento del apetito.

Si la diabetes gestacional no es tratada de manera apropiada al momento de ser detectada, ello puede representar un factor que luego contribuirá en la aparición de problemas de salud que, a futuro, pueden ser muy perjudiciales no sólo para la madre, sino que también para el bebé.

Por lo tanto, es preciso tener en cuenta que si los niveles de glucosa en la sangre de la madre son altos, los problemas que pueden generar en el bebé son: aumento de la posibilidad de desarrollar diabetes y obesidad en el recién nacido, sufrir una lesión o traumatismo al nacer debido al gran tamaño del bebé, presentar ictericia.

Finalmente, es preciso señalar que además de la Diabetes Tipo 1, Diabetes Tipo 2 y Diabetes Gestacional, también pueden presentarse la Diabetes Autoinmune y la Diabetes Secundaria.

La diabetes Autoinmune, conocida también como Diabetes Autoinmune Latente del Adulto (LADA en inglés: Latent Autoinmune Diabetes of Adults), al mismo tiempo que parece afectar a los adultos con Diabetes Tipo 2, muestra algunos rasgos de tipo genéticos, inmunes y metabólicos de la Diabetes Tipo 1, lo cual, conlleva un alto riesgo de convertir al paciente en insulinodependiente. Este tipo de trastorno se ha detectado en un 10% de las personas con diabetes, quienes, en un principio no requieren de insulina. Las estadísticas indican que afecta directamente a aquellas personas que tienen más de 20 años, los cuales, a menudo pueden ser diagnosticados con diabetes tipo 2 por su edad, siendo que en realidad padecen de LADA.

La Diabetes Secundaria se denomina así, porque aparece, justamente, como consecuencia de enfermedades que afectan al páncreas o al sistema endocrino (glandular), enfermedades genéticas o por exposición a determinados agentes químicos. Por otra parte, el hecho de tomar ciertos medicamentos para otro tipo de patologías que no sean diabetes, puede ocasionar una elevación de los niveles de glucosa en la sangre.

Entre los distintos tipos de Diabetes Secundarias están:

1. Las del tipo MODY (del inglés, Maturity Onset Diabetes on the Young), es decir, diabetes de la edad madura que se presenta en el joven. Es un tipo de diabetes que se produce a raíz de la presencia de defectos genéticos en las células beta, lo cual ocasiona un problema en la secreción de insulina.

2. La diabetes relacionada con la Fibrosis Quística, enfermedad que puede afectar el páncreas, lo cual conduce a la aparición de diabetes.

3. La diabetes secundaria relacionada con la ingesta de ciertos medicamentos, tales como los glucocorticoides y los inmunosupresores, cuya ingesta puede llevar a incrementar los niveles de glucosa en la sangre.

Digamos, finalmente, que aquí no se trata –exclusivamente– de averiguar si una persona tiene o no diabetes, sino que de crear conciencia en la población acerca de este grave mal, con la finalidad de comenzar desde ya a dar todos los pasos necesarios para prevenir esta enfermedad y, en el caso de que la persona la tenga, tomar todos los resguardos necesarios para mantener la diabetes a raya y bajo control.