Por Gonzalo Vallejo Legarreta

Disquisiciones. Más turbaciones. Frases lógicas. Palabras providenciales. Indescifrables. El humano actual vive turbado. Cada vez más turbado en su razonar. Se alucina pensando en un nunca nadie sabrá mi nombre enterrado en tarrafal como atrapado fantasma, en un nunca nadie sabrá que un solo beso bastará para despertar los esqueletos desnudos que vagan sin dueño como minutos subterráneos, en un nunca nadie verá mi esqueleto estéril, de cuerpo anatémico, sepultado en aquella isla de fugadas palabras y cantos cadavéricos. El escritor escribe un nunca nadie verá mi calavera siempre sonriente como sueño peregrino de lejano amanecer, en un nunca nadie leerá mis poemas escritos en cenobios desolados, cerrados por vendavales divinos y calcinados. Por ser como es nunca nadie acudirá a florear su espacio de vida no cumplida. Ahora, todavía, yo creo que nunca nadie sabrá que el amor existe, como existe la vida y la muerte. Sólo yo sé que el amor existe, bello y profano, como también nunca nadie sabrá que el dinero mal habido es el opio del pueblo, del pueblo nacido hundido y deshojado como poema borrado. Así, nunca nadie escribirá poemas lógicos, tan invisibles y salmódicos como palabras color amaranto. Nunca nadie verá a anguita o a zurita caminando libres sobre el mar muerto leyendo juntos huérfanos poemas de tiempos arcanos, ni nunca nadie sabrá que extraño sueños sin preguntas, un sueño con la flor de la pluma enredada cruelmente en sonambúlicos sollozos submarinos, ni nunca nadie sabrá que el pueblo unido jamás será vencido, ni nunca nadie sabrá que la muerte triste será y que el regreso de parra no ocurrirá, ni tampoco nadie entenderá la espiritualidad de la materia, materia trashumante y temblorosa. Por lo tanto, nunca nadie oirá el cantar de una ruiseñora embarazada, ingrávida y hierática, ni jamás, nunca nadie podrá comprender a una mariposa herida azotada por tinieblas paganas.
El poetiso poetiza poemas mudos mirando inmóvil un rododendro sin altivez ni explicaciones. Entonces, nunca nadie se dará cuenta que los poetisos flotan en sombras estelares venidas desde soles ya extinguidos, por lo que nunca nadie se dará cuenta que en algún tiempo, quizás mañana, tal vez hoy, muy posible en la tarde de ayer, la tierra se vestirá de tintas cósmicas porque una luz del alba atravesará tiempos enigmáticos y desconocidos…. Nunca nadie, salvo un poeta o un filósofo, verá el vuelo de una luciérnaga viajando hacia su propia alma por climas errantes e invernales. Solo ellos se darán cuenta si realmente un hombre puede vivir guardando secretos. Nunca nadie, estoy seguro de esta disquisición, será capaz de ver la forma de una rosa etérea.