martes, noviembre 20, 2018
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La maravillosa, trágica y breve vida de Karen Carpenter, a 35 años de su muerte

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Por Joaquín Sánchez Mariño

Todo en la vida de Karen Carpenter fue extremo y doble. Su nombre -el nombre de su banda, The Carpenters– dispara al instante un recuerdo meloso: “Why do birds, suddenly appear…”. Su voz es recordada entre grave y dulce, única para muchos, angelical. Sin embargo, su paso por este mundo duró apenas 32 años y fue más bien agudo y triste. La encontró su madre tirada en el suelo de la habitación, ya demasiado flaca. La llevaron al hospital pero fue inútil. Murió de un paro cardíaco el 4 de febrero de 1983. Aunque su verdadera pesadilla fue cómo llegó a ese paro.

New Haven -en el Estado de Connecticut, Estados Unidos- podría traducirse como “nuevo refugio”. Allí nació Karen Anne Carpenter el 2 de marzo de 1950. Cuatro años antes lo hizo Richard Carpenter, su hermano mayor. Fueron los únicos dos hijos de Agnes Tatum y Harold Bertram Carpenter, un matrimonio de clase media del noreste de Estados Unidos.

Los hermanos Carpenter

Los hermanos Carpenter

Juntos, Karen y Richard formaron una de las bandas más famosas de los 70. Conocidos como The Carpenters (el nombre verdadero de la banda era sin el “The”), vendieron cerca de 100 millones de discos e interpretaron algunos de los hits románticos más recordados: They Long to Be Close To You (los versos “Why do birds, suddenly appear” son la primera línea del tema), Top Of The WorldWe’ve Only Just Begun o Rainy Days and Mondays, entre otros. Editaron 10 discos de estudio más las compilaciones, más los discos póstumos. Tienen su estrella en el Paseo de la Fama.

Incluso fueron invitados por el presidente Nixon a la Casa Blanca, en Agosto de 1972, en perfecta sincronía con el escándalo de Watergate (un mes y medio antes fueron detenidos las primeras cinco personas de un caso que terminó, en 1974, con la renuncia del propio Nixon). Nada fue casualidad: esa visita en algún punto representó el espíritu de los Carpenters. Mientras que los 60 habían sido marcados por músicos como Janis Joplin o Jimi Hendrix(ambos murieron en 1970 a los 27 años, por excesos), Karen y Richard apostaban a un lenguaje naif y amoroso, desprovisto de las complejidades del mundo de las que ellos mismos no eran ajenos (de hechos, ellos mismos menos que nadie).

“The Carpenters”, en pleno show

“The Carpenters”, en pleno show

Vendían y vendían. Richard era el líder musical de la banda; Agnes, su madre, la tutora moral. Muchas veces, ya siendo millonaria, Karen se quiso mudar sola y no la dejaron. Era una familia que guardaba valores conservadores. Eso los mantuvo al costado de la vida de los rockstars, pero no de los excesos. Richard por caso se la pasaba tomando quaalune (metacualona), un sedante de efecto hipnótico que lo ayudaba a combatir el insomnio. La historia de Karen fue más compleja.

Desde chica soñaba con ser una artista popular. Lo logró pronto. En 1966 ganaron La Batalla de las Bandas como trío instrumental (Karen como baterista, su hermano al piano) tocando Garota de Ipanema. En 1969 grabaron su primer disco, ya con ella en la voz. En 1970 tuvieron su primer hit, justamente They Long to Be (Close To You), que fue número 1 en el ranking Billboard Hot 100, y llegaron a los Grammy. El éxito del dúo fue inmediato, y con eso, la entrada en la industria musical. Y con eso, las críticas: algunos medios la trataban de “rellenita” o “gordita”.

Karen comenzó a preocuparse de manera desmedida por su apariencia. Quería ser lo que ella consideraba una mujer a la altura de su éxito. Comenzó a tomar laxantes y pastillas para adelgazar (se dice que hasta 90 por día), y abusaba del jarabe de ipecacuana para provocarse vómitos. Hacía ejercicio de manera compulsiva. Se veía a sí misma gorda cuando todo el resto, incluso el público, la notaba esquelética.

 

En 1981 se enamoró y casó con Tom Burris. El matrimonio duró apenas un año. Él le confesó una semana antes del casamiento que se había hecho una vasectomía, por lo cual no iba a tener hijos. Ella quiso cancelar la boda pero la madre la convenció de que no lo hiciera. Se casaron. Resultó que él estaba tapado de deudas y esperaba salvarse gracias a la fortuna de Karen. En 1982 se separaron. Siguió adelgazando. Llegó a pesar 41 kilos y fue internada en una clínica de Nueva York. Nunca llegó a recuperarse; o más bien, nunca llegó a estar bien a secas.

Dos películas cuentan su historia. Curiosamente, parecen ser dos vidas diferentes las de cada filme. Desde el punto de vista cinematográfico, la más interesante es la de Todd Haynes (el director de I’m not there, la biopic sobre Bob Dylan). Se trata de Superstar: The Karen Carpenter Story. “Actuada” por muñecos (Karen es una Barbie), el mediometraje cuenta una historia crítica del dúo y su familia. Según él, su hermano era un ególatra que explotaba el talento de Karen de manera insensible y bruta. Su madre a su vez tenía una clara preferencia por Richard y solo ejercía presión sobre Karen. Así, ella cayó sin sustento en la anorexia nerviosa. Inmersa en una industria musical superflua y cruel, y en un contexto familiar desfavorable, comenzó a preocuparse demasiado por su figura.

Acertada o no, la película de todas formas no pudo verse demasiado: Richard Carpenter inició un juicio a Haynes, quien no tenía los derechos de las canciones que musicalizan la historia, por lo cual la Justicia ordenó destruir las cintas. Solo quedan (“solo”) copias piratas en Internet.

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La otra película sobre la vida de la cantante es The Karen Carpenter Story, dirigida por Joseph Sargent y el mismo Richard Carpenter. Muy a tono con la estética de la banda, la película es una historia triste mal contada. Los padres son apenas unos padres que lo intentan, Richard es tan solo un músico que trata de crecer en la industria con algún que otro rasgo de vanidad, y Karen es una chica buena que quería ser más flaca. La escena final la muestra yéndose a dormir feliz a su cuarto en la casa de los padres. Lo último que dice Agnes es “Te amo”; ella sonríe y se va a dormir.

En algo se parece a la historia real: la última noche de su vida, Karen eligió dormir en la casa de sus padres. Al día siguiente debía firmar los papeles de su divorcio y estaba angustiada. No sabemos si la madre le dijo que la amaba y ella sonrió. Sí sabemos que se encerró en su cuarto y en la madrugada del 4 de febrero Agnes la encontró ya casi muerta. Fue hace exactos 35 años.

Como la banda de sonido de Love Story, que sonaba mientras Ali MacGraw moría y Ryan O’Neal se quedaba solo, y aún así es la representación estereotipada del amor, el recuerdo de la voz de Karen no tiene nada que ver con su vida. “Why do birds, suddenly appear…”, sigue sonándonos a cosa feliz. Es parte de lo que pudo: dejar al mundo algo distinto de lo que ella veía en sí misma.

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